BIRDING es un proyecto del artista Sergio Gómez/SRGER (Sevilla, 1983) curado por Jordi Pallarès para la BIBI+REUS City Gallery de Palma (Mallorca).

“Las pasarelas nos llevan siempre a otro lado. A menudo provisionales, son literalmente lugares de paso que se elevan y nos separan de la arena, de la tierra. Estructuras de madera que funcionan sin pretensión alguna. Cruzamos sus tablas sin apenas vacilar mientras nuestro cuerpo está atento al percutir del suelo y a sus posibles zarandeos. Estamos y nos sentimos a cierta altura y todo resuena de otro modo. Bandas sonoras. Aunque nos encontremos ahí para cruzarlas, esta interrupción se presenta como una oportunidad a aprovechar. Divisando sin saber muy bien qué, buscamos algún horizonte mientras nos detenemos un momento y dejamos que nuestras manos entren en contacto con la madera de la barandilla. Twitching.
No es la primera vez que Sergio Gómez -artista residente en Sevilla- y Jordi Pallarès -investigador y curador residente en Palma- trabajan juntos. En 2022, Jordi invitó a Sergio a participar en Relaciones Públicas, un proyecto colectivo de artistas españoles en Venezuela en la sede de Cerquone Gallery en Caracas. Ese mismo año, se llevó a cabo la residencia y exposición Ne Parliamo. Construyendo una escena junto a otros tres artistas, también con Jordi como curador, en lo que ahora es la residencia de la BIBI+REUS Country Gallery (Mallorca, ES). En 2024, Sergio y Jordi se encuentran de nuevo en Del grano a la montaña. Otro proyecto en residencia coordinado por Swinton Gallery, desarrollado en Madrid y en el Puerto de Santa María (Cádiz, ES). Tras ese recorrido juntos y sin ignorar sus respectivas experiencias en intervenciones indoor y outdoor, Sergio y Jordi generan BIRDING en 2025.

BIRDING quiere reflexionar sobre el proceso creativo, sobre la importancia de contemplar y tomar decisiones en la distancia, sobre todo, con los tiempos precisos. Sobre nuestro recorrido y sobre lo que somos capaces de ver. Sobre la necesidad de detenernos, escuchar, sentir y subrayar nuestros modos de hacer. Porque lo orgánico y lo irracional subyace en la propia naturaleza (humana).
Hay quien piensa que los pájaros en las grandes ciudades se parecen todos. Probablemente, nosotros a ojos ajenos también. Nuestros cuerpos se mueven al unísono mientras convergemos en determinadas direcciones, vestimos parecido, miramos hacia el mismo lugar… Fijemos nuestra mirada en lo más alto y, desde allí, intentemos comprender. En realidad, no hace falta subir mucho. Basta ubicarnos en algunos puntos y, desde allí, sobrevolar. Alejarnos de aquello que está demasiado próximo a nosotros y redescubrir, desde lejos, lo que no alcanzamos a ver de cerca. ¿Cuántas veces el cielo es azul?
Buscar nuevas formas es como mirar el follaje durante horas con la intuición de que hay algo escondido entre las ramas. A veces es solo un movimiento, una sombra. No siempre se revela por completo. Hay que estar dispuesto a ver lo que no se había visto antes, y también a no ver nada durante mucho tiempo. No se trata de repetir lo conocido, como quien espera siempre la misma especie. Lo interesante es cuando aparece algo que no sabías que existía, algo que no encaja del todo. Entonces empieza el trabajo real: cómo dejarlo entrar en la pintura sin domesticarlo, cómo traducirlo sin hacerlo desaparecer. La obra se presenta, casi sin querer, en la única e imprevisible puesta en escena de las circunstancias de la vida.
El oro no siempre puede ser cobre. Mirando a través de la ranura de esas estructuras de manera aparece el paisaje en su definición fundamental. Un espacio a descubrir que acotamos mientras observamos. Una pintura en gran formato que aves y otros seres vivos compartimos. Divisarla desde cierta distancia requiere de un tiempo importante para descubrir todo aquello que contiene. Una inversión de tiempo sobre un mismo espacio que ya poco nos permitimos pues, gran parte de las veces, procedemos in situ como si de un documento de video se tratara. Consumiendo más que observando. Y aún así, nunca alcanzamos descubrirlo todo. Esa es, probablemente, la magia indómita de la naturaleza. Esa impotencia es la que nos mantiene siempre en vilo, su gran atractivo. Y es la propia dimensión de ese “gran lienzo” la que nos permite y nos obliga a reflexionar sobre ciertas distancias. Las mismas que requiere la realización de un mural pintado à plein air. Espacios encontrados o localizados que son intervenidos por creadores como Srger en lo que a la práctica artística en el espacio público se refiere. Pinturas a gran escala con las que Sergio Gómez mantiene una estrecha relación corporal. La misma que le permite interactuar con un detalle o con la propia escritura, a la vez que con gestos de más envergadura que necesitan de algunos pasos atrás para ser corroborados. En su caso, algo que surge de avistar, de seleccionar y, sobre todo, de entender lo que está pasando. Un proceso que no conlleva tanto descubrir, sino afianzar.
Pintar se parece a la observación de aves. No es una caza, ni una persecución. Es más bien una forma de espera activa. Estás ahí, en silencio, sabiendo que algo puede aparecer, pero sin certeza de cuándo ni cómo. Trabajar con nuevas formas es arriesgarse a perder el control. No hay mapa. Solo fragmentos, impulsos, cosas que se van probando. Lo nuevo no se impone de golpe, se infiltra. A veces no sabes si es un error o un hallazgo, y solo el tiempo, o la pintura misma, lo decide. Esas formas nuevas, cuando llegan, no gritan. Son como aves que se mueven en los márgenes: si haces demasiado ruido, se van. Si esperas con paciencia, te cambian el paisaje”. Jordi Pallarès.
Artista: Sergio Gómez/SRGER
Comisario: Jordi Pallarès
Fechas: Hasta marzo de 2026
Lugar: BIBI+REUS City Gallery, Palma (Mallorca)





