Marisa Caichiolo (Santa Fe, Argentina, 1974) es una artista multidisciplinar y comisaria, cuya amplia trayectoria la ha llevado a trabajar en diversas e importantes citas del arte internacional, así como a desarrollar una carrera sólida y comprometida en distintos museos e instituciones.
Bajo el comisariado de Francisco Brives, presenta actualmente y hasta finales del mes de mayo, en el Museo La Neomudéjar de Madrid: “No hay más ciego que el que no quiere ver”, una rotunda retrospectiva de sus proyectos más destacados de los últimos veinte años. Instalaciones interactivas, escultura, vídeo y bordados van llevando al espectador a profundizar en su rol con la naturaleza y su entorno, a cuestionar las viejas formas de relacionarse y a favorecer el ecofeminismo como un forma de comunión con el mundo y de transgresión de los patrones que nos ahogan.
Hace parte de una fundación que desarrolla educación artística, residencias y exposiciones, el “Building Bridges Art Exchange” con base en USA , y como comisaria, ha trabajado en Europa, Oriente Medio y América, desarrollando proyectos diversos, multiculturales, en los que se ha interesado por las nuevas tecnologías así como por expresiones periféricas y originarias a las que da visibilidad.
Este año tendrá dos roles en la Bienal de Casablanca; será la directora artística y también curará el pabellón latinoamericano.
Marisa, actualmente tienes colgada la exposición ‘No hay más ciego que el que no quiere ver’, en La Neomudéjar de Madrid. ¿Qué nos encontramos en esta muestra?
En la exposición “No hay más ciego que el que no quiere ver“, presento una recopilación de series y procesos artísticos de las últimas dos décadas.
Cuando entras al espacio, te encuentras con varios vídeos de performances e instalaciones que fueron desarrolladas durante mis residencias en China, Medio Oriente y Sudamérica; específicamente durante la participación en bienales entre el 2011 y 2019 como la Bienal de Qindao y Beijing en China, la Bienal de Bangladesh o la Bienal de Curitiba en Brasil.
Estos proyectos reflejan colaboraciones significativas con mujeres de diferentes partes del mundo, como en el caso de los proyectos: “¿En qué más puedo servirle?” o “Semilla Sagrada“.
El título de la exhibición proviene de mi última serie de obras, que incluye textiles, instalaciones y vídeos, la cual comencé a desarrollar en 2023 para la Bienal Videoakt, fue presentada como un proyecto site specific en el LUM Museo de la Memoria y posteriormente amplíe con una charla en el MAC – Museo de Arte Contemporáneo, ambos en Lima, Perú. A partir de este proyecto, surgieron obras pertenecientes a las últimas series de bordados en braille, que exploran nuevas formas de comunicación y percepción.
La ceguedad es un tema inmenso del que Saramago dijo que “reside en la mente”, pero a la vez que “es la primera etapa del despertar”.
La ceguera para mí es un concepto fascinante y multifacético que, como bien lo menciona José Saramago, “reside en la mente”.
Esta afirmación con la que me invitas a repensar mi obra creo que me lleva particularmente a reflexionar sobre cómo nuestra percepción del mundo está moldeada por nuestras creencias, prejuicios y experiencias.
No sólo se limita a la falta de visión física; abarca una incapacidad para ver más allá de lo evidente, para cuestionar la realidad que nos rodea.
En la idea de que puede ser el inicio de un despertar, muy a menudo como seres humanos, o humanidad en su totalidad, es necesario pasar por un estado de ignorancia o ceguera (no ver con claridad) para luego alcanzar una mayor comprensión y conciencia. En este sentido, la ceguedad puede ser un catalizador para el cambio, ya que nos invita a cuestionar lo que damos por hecho en nuestra cotidianidad y a buscar una verdad más profunda.
En mi obra, exploro esta dualidad. A través de las instalaciones y los bordados en braille, busco generar un diálogo sobre la percepción y la invisibilidad.
Con los bordados en braille, invito al espectador a tocar y sentir, desafiando la idea de que la visión es la única forma de conocimiento.
Esto se alinea con la noción de que la verdadera comprensión a menudo requiere un esfuerzo consciente para “ver” más allá de lo superficial.
La ceguedad, desde mi punto de vista se convierte en un espacio de potencialidad: un lugar donde la falta de visión puede llevarnos a una nueva forma de ver, una oportunidad para abrir nuestras mentes y corazones a realidades que a menudo ignoramos.
En esta exposición en el Museo La Neomudéjar, espero que los visitantes no solo contemplen las obras, sino que también reflexionen sobre su propia percepción y la posibilidad de un despertar personal. Por ese motivo, los invito a sentarse unos minutos a meditar, cerrar los ojos, re encontrarse con el sentir, con ellos mismos, con sus almas.
También al invitar al espectador a tocar y leer esos puntos en braille, le invito a visitar una nueva forma de comunicación y la construcción de un lenguaje. Así es como se reconstruye la memoria y se hace evidente el olvido. Los invito a reflexionar sobre la importancia de la memoria y la inclusión, sobre la sangre derramada gota a gota, que se borda punto por punto.
La intriga despierta el deseo de conocer la traducción de los mensajes. Sin embargo, el mensaje es muy claro y está disponible para quienes eligen verlo.
Has realizado colaboraciones con otras artistas que hacen performances en vivo en tus exposiciones,-pienso en Luchi Estevez o Beatriz Pichimalen-, cuya naturaleza originaria trasmite una práctica artística descentralizada y que conectas con tu práctica propia.
Siempre he creído en la importancia de abrir espacios para la co-creación y las colaboraciones, así como para dar visibilidad a otras mujeres artistas que quizás no tienen acceso a las mismas plataformas, espacios o países que yo.
Al incorporar a artistas como Luchi Estevez (healer) República Dominicana, Beatriz Pichimalen (cantante mapuche)/ Argentina, o Rachel Robles (bailarina/performer)/México, en mis exposiciones, busco no sólo expandir el alcance de mis proyectos, sino también enriquecer nuestra comprensión colectiva.
Esta amplitud de miradas nos permite generar un diálogo más profundo y significativo, abriendo nuevas posibilidades dentro de una conciencia colectiva más amplia también reflexionando sobre la diversidad e inclusión de voces.
Asimismo, tu obra es un testimonio del quehacer femenino, donde la mujer es el lugar desde donde reflexionas y recalibras tanto del pasado como el presente. (Pienso en ecofeminismo).
Mi producción artística sí podría enmarcarse dentro del ecofeminismo, desde un enfoque que destaque la interconexión entre la opresión de las mujeres y la explotación de la naturaleza, de la madre tierra.
En mis obras, el testimonio femenino se convierte en un eje central, donde la mujer no solo es el centro o sujeto de reflexión, sino también una fuerza activa en el enfoque de nuestras narrativas, tanto del pasado (de la historia) como del presente y la importancia en el futuro y supervivencia de la humanidad.
A través de mis proyectos, busco explorar cómo las experiencias de las mujeres están intrínsecamente ligadas a las problemáticas medioambientales.
Utilizo materiales sostenibles y prácticas que resaltan la importancia de cuidar tanto de nuestro entorno como de las voces femeninas que han sido silenciadas.
Al hacerlo, invito a los espectadores a reconsiderar su relación con la naturaleza, con nuestra madre tierra y a reconocer el papel crucial que las mujeres desempeñan en la lucha por un mundo más justo y equilibrado.
Este enfoque no sólo rinde homenaje a la historia de las mujeres, sino que también aboga por un futuro en el que la equidad y la sostenibilidad vayan de la mano.
Verónica Rossi escribió una vez que ‘la armadura más suave que usamos es la piel’. El traje y la propia piel como armadura y a la vez como mapa, es un tema recurrente en tu obra.
La reflexión sobre la piel es un tema central en mi obra, profundamente influenciada por la idea de que la piel es tanto una protección como una representación de nuestra identidad.
Y si como bien lo mencionas la armadura más suave que usamos es la piel…. y esta frase resuena en mi trabajo, ya que para mí es el layer, la membrana que separa nuestro mundo interno del mundo externo, por lo tanto cambia dependiendo de las situaciones.
Me obsesiona explorar la piel como vestimenta y cuerpo femenino, los cuales se convierten en metáforas de unidad universal y espiritualidad, se transforman en escudo, en cocoon…
A través de la combinación de símbolos y prácticas de diferentes religiones y sistemas de creencias, busco plasmar un mundo simbólico donde la mujer no solo sea un objeto de adornos, sino una figura central, una creadora de vida que representa a la Madre Universal.
Sin embargo, a menudo las mujeres son percibidas como vacíos, como capullos que ocultan una ausencia tras el nacimiento de sus hijos, quedando relegadas a un papel de observadoras en un mundo que las aliena. En este contexto, el vacío que se presenta no debe verse como una ausencia sin significado, sino como un potencial, una capacidad. Este vacío refleja lo universal, trascendiendo cualquier parámetro religioso o terrenal.
Mi trabajo e investigación sobre la condición femenina desde mi propia vida y experiencia, me ha llevado a comprender que, en medio de la cobertura y la revelación, el cuerpo femenino encuentra su propia expresión a través de signos visuales y sonoros, transformando la vestimenta en un santuario que da vida a lo que yace debajo de la piel.
Mi práctica budista de mas de 20 años, que impregna mi enfoque artístico, me ha llevado a explorar este proceso de desmaterialización y descubrimiento de las relaciones entre los límites internos y externos.
En mis viajes al Golfo Pérsico, mi percepción del cuerpo femenino ha evolucionado y he comenzado a sustituir los colores intensos de mis vestidos anteriores por colores neutros o ausencia de color. Este cambio refleja un proceso de expansión espiritual y artística, recordando que es en la ausencia donde reside el potencial; es en la invisibilidad donde reside una nueva forma de ver la realidad y aquello que es posible dentro de esta.
Así, el vacío se convierte en un espacio que puede sostener las respuestas que he estado buscando. A través de mi obra, invito a los espectadores a reflexionar sobre lo que yace debajo de la superficie, sobre cómo el cuerpo y la vestimenta pueden ser vehículos para la expresión de la experiencia femenina en toda su complejidad.
¿Cómo ha cambiado tu obra en los últimos años?
Creo que mi obra sigue teniendo ese mismo hilo conductor que abarca la piel, lo femenino, la memoria y la identidad. Sin embargo, con el paso de los años, he ido incorporando una serie de reflexiones e investigaciones que se relacionan con las dinámicas sociales y políticas del contexto en el que habito, lo que me ha permitido expandir mi visión y crear un diálogo más profundo y significativo con el espectador.
Este enfoque me ha permitido abordar temas más amplios y relevantes, conectando mi práctica artística con las realidades contemporáneas, como han sido los fuegos en California, la pandemia, etc.
En los últimos años, he estado explorando nuevas herramientas y tecnologías, especialmente los procesos de la inteligencia artificial. De hecho, he realizado a atrasé de este medio las traducciones de textos de distintos idiomas a código Braille, así como la creación de imágenes. Esto lo he incorporado en la serie de ‘No hay más ciego que el que no quiere ver’ en la que mezclo además pintura, impresión digital y bordado a mano sobre lienzo. Esto me ha permitido transformar la percepción y la accesibilidad de mis piezas.
A través de esta integración, busco no solo crear un diálogo sobre la inclusión, sino también desafiar las nociones tradicionales de cómo se experimenta la obra de arte, en este caso puede hacerse también a través del tacto.
Cada serie que desarrollo articula la realidad actual con las narrativas que han ido surgiendo a lo largo de mi trayectoria. Mis experiencias de vida son fundamentales en este proceso; cada obra refleja mis vivencias, mis luchas y mis aprendizajes.
De este modo, mi práctica se convierte en una conversación constante entre el pasado y el presente, donde la historia personal se entrelaza con la colectiva, creando un espacio para la reflexión y el cuestionamiento.
Además, el ecofeminismo como me lo mencionaste al inicio de la entrevista, ha comenzado a influir más en mi trabajo, enfatizando la conexión entre la opresión de las mujeres y la explotación del medio ambiente. Esto tuvo una mayor repercusión en mi vida cundo me fui a vivir a la montaña hace ocho años atrás. Esta perspectiva me ha llevado a investigar cómo las estructuras de poder afectan no solo lo femenino, sino también al entorno que nos rodea.
A través de mis obras espero, no sólo visibilizar estas problemáticas, sino también inspirar un cambio hacia una mayor conciencia y acción. Estoy emocionada por lo que el futuro traerá y cómo puedo seguir explorando estas intersecciones en mi práctica artística.
Cuéntanos ¿qué es y cómo funciona el Building Bridges Art Exchange?
Building Bridges Art Exchange es una fundación sin ánimo de lucro localizada en Los Angeles, California, que se dedica a involucrar activamente diversos artistas, líderes y audiencias diversas a través de nuestra misión de cultivar la comprensión cultural a través de las artes.
Soy la fundadora de esta organización que en la actualidad cuenta con ocho Board Members y nueve advisors. Fue creada como una plataforma que permite a artistas de todo el mundo conectar, participar en un diálogo pacífico y crear narrativas que exploran temas políticos y movimientos sociales que impactan en diferentes regiones del mundo.
La organización fue lanzada para involucrar a comunidades de diferentes orígenes étnicos y económicos en una exploración sociopolítica a través del lente del arte contemporáneo, mediante nuestros programas.
Building Bridges Art Exchange continúa construyendo y manteniendo relaciones con Ministerios de Cultura, museos y otras instituciones culturales, en más de 35 países brindando a artistas de todo el mundo, -en estos años hemos recibido a artistas de más de 50 países-, la oportunidad de explorar e influir abiertamente en los temas sociales y políticos del mundo actual.
Nuestro espacio actual ofrece exposiciones rotativas en todo el mundo, residencias artísticas, así como conferencias y talleres como parte de nuestro programa educativo.
En los países donde tiñeran nuestras exposiciones, fomentamos intervenciones en territorios y performances que interactúan con las comunidades locales.
Nuestra más reciente programación internacional es el Nuevo Festival de Video Arte Pangue que ha comenzado su itinerancia en Chile y continuara viajando por Europa, África y por supuesto Latinoamérica.
También eres gestora y comisaria, ¿cuáles son tus líneas de investigación y qué proyecto es el que más te ha gustado realizar?
A lo largo de mis 25 años de experiencia en comisariados y gestiones internacionales, he llevado a cabo una amplia variedad de intervenciones y proyectos en diferentes países del mundo, África, Medio Oriente, Sudamérica, Norte América…entre otros.
Mi investigación se centra principalmente en el impacto de los cambios sociales y políticos en la sociedad, así como en los intercambios culturales, explorando la producción cultural que fluctúa entre la teoría y la práctica.
Mis proyectos curatoriales han sido exhibidos internacionalmente en importantes instituciones, como el AMA Museum y el Museum of the United Nations en Washington D.C. (EE. UU.), el Museo AAL en Chile, el MUSA Museo de las Artes de la Universidad de Guadalajara (México), el Centro Cultural Kirchner en Buenos Aires (Argentina), el DOX Center for Contemporary Arts en Praga (República Checa), el Frost Science Museum en Miami (EE. UU.), el PVAC Palos Verdes Art Center en California, la Building Bridges Art Foundation en Los Ángeles (California), el KATARA Cultural Center en Doha (Qatar), el Sharjah Museum of Contemporary Art en Dubái (Emiratos Árabes Unidos), el Anaheim Muzeo Museum and Cultural Center en Anaheim (California), la Fundación Telefónica de Arte en Santiago (Chile) y el Los Angeles Center of Photography, Museo La Neomuéjar en Madrid, (España), entre muchos otros.
Entre los proyectos que más me han apasionado, se encuentran los comisariados de bienales, como la Bienal de Casablanca en 2016, titulada ‘We the people’, en la que comisarié el pabellón Latinoamericano.
Asimismo, las investigaciones sobre la sinestesia, tales como: “Cual es el sabor del color azul?”, una condición neurológica donde la estimulación de un sentido desencadena experiencias subjetivas en otro, como ver colores al escuchar música o sentir texturas al leer. Esta exposición se presentó en el año de 2017 en Building Bridges Los Ángeles, en colaboración con la Fundación Internacional de Sinestesia.
También he trabajado en residencias y exhibiciones en colaboración con la NASA, integrando arte, ciencia y tecnología, lo que ha ampliado mi enfoque más allá de lo que había explorado previamente en el arte, realizadas en Building Bridges durante varios meses.
Otro proyecto del cual me enorgullezco es el proyecto curatorial DIVERSEartLA y DIVERSEartPB, en el marco de la feria de Los Ángeles, donde he tenido la oportunidad de colaborar con más de 50 museos de todo el mundo, lo que me ha brindado una apertura y un aprendizaje difíciles de encapsular en una narrativa concreta.
Estas son solo algunas de las representaciones de los trabajos e investigaciones que he desarrollado a lo largo de los años.
¿Cómo es trabajar en entornos internacionales y con artistas diversos?
Trabajar en entornos internacionales y con artistas de diversas procedencias implica un cambio significativo en las dinámicas y perspectivas.
Cada cultura aporta sus propias narrativas y lenguajes y aprender a adaptar los proyectos a estas realidades enriquece no sólo el contenido, sino también la forma en que visualizo cada iniciativa, desde un punto de vista de la práctica curatorial.
Esta adaptación activa a diferentes contextos culturales me ha permitido crear conexiones más profundas y significativas y me ha desafiado a ser más flexible y abierta en mi enfoque desde la gestión y la práctica. Al hacerlo, siempre genero diálogos que trascienden las fronteras, fomentando un entendimiento mutuo y una colaboración auténtica.
¿Qué proyectos tienes para 2025?
El año 2025 ha comenzado de manera intensa y emocionante.
En febrero, inauguré una gran retrospectiva que abarca 8 años del sector a través de la plataforma curatorial que dirijo, DIVERSEartLA, en Los Ángeles.
Luego, participé en la inauguración de la Bienal Nómade en el Museo AAL de Chile, donde co-curé con Hernán Pacurucu, -el director de la bienal el proyecto SELECTA II-.
También estuve a cargo del comisariado del Festival Pangue de Video Arte que mencioné anteriormente, organizado por Building Bridges, que se lanzó en Chile en marzo en este mismo Museo.
En el mes de mayo, tengo una serie de Conferencias sobre proyectos internacionales en Seoul, Korea. También seré la curadora de una muestra individual del artista cubano Antuán Rodríguez en el Museo MUSA de Guadalajara, México.
Además, participaré en dos bienales en 2025. Una de ellas es la Bienal de Cuenca, Ecuador, titulada “The Game”, que contará con la participación de 17 curadores. En esta bienal, mi proyecto curatorial estará conformando por un grupo de tres artistas, Carlos Martiel de Cuba, Angie Bonino de Perú y Olmedo Alvarado de Ecuador.
La otra bienal en la que estoy trabajando es la de Casablanca, donde seré la directora artística, además de volver a comisaria el pabellón de arte latinoamericano; haré un seguimiento de la producción de las obras para la bienal, que se llevará a cabo en la residencia de artistas ‘Ifitry’.
Además, tengo otros proyectos en mente para este 2025 en los que participaré como artista, presentando mi propia obra en dos iniciativas: una en Latinoamérica y otra en Nueva York antes de fin de año.
Una de las decisiones más importantes que tomé al inicio de mi formación como historiadora de arte y comisaria fue separar completamente mi práctica artística de mi práctica curatorial por razones de ética profesional.
Nunca he representado mi propia obra como comisaria, ya que creo que esta distinción es fundamental para mantener la integridad de ambas prácticas.







