Luz

by • 20 diciembre, 2021 • Crítica de arte, La ComarcaComments (0)674

Corfú, Grecia, diciembre de 2021

Mi querido amigo y artista,

Recibí las imágenes, el mensaje y tu letra. No exagero si te digo que Giorgio Morandi se levantaría para abrazarte. Yo lo hago desde mi mesa de escritura. Lo hago a través de la única forma que creo digna de la belleza que reverbera en esas botellas. Ellas contienen la voz condensada, la plegaría de estos tiempos, la condición iluminada e indigente que nos revela.

Diango Hernàndez. Dos amigos en la orilla, 2020. Courtesy the Artist and Paolo Maria Deanesi Gallery. (Photo credit: Paolo Maria Deanesi Gallery)

Somos los responsables de una época marcada por una indeterminable fuerza de destrucción y de terror. Rompimos el equilibrio y se desató el caos. Los mensajes se hicieron ambiguos, pocos descifrable. El miedo reinó y entonces todos quisimos ser humanos y empáticos en las circunstancias de un teatro de la hipérbole. El abuso del zoom y de la figuración estéril pusieron en crisis la verdadera estructura laberíntica de la poesía y la autenticidad de la concreción imaginal que se nos regaló en herencia. Tal vez por ello, estas botellas que me envías me traen de vuelta el mensaje deseado. Comienza con ellas la metamorfosis de los pantallazos y el derivo de esa absurda virtualidad.

Diango Hernàndez. Tres amigos en la arena, 2020. Courtesy the Artist and Paolo Maria Deanesi Gallery. (Crediti fotografici: Paolo Maria Deanesi Gallery)

Definitivamente el arte es una herida que produce luz, es la estructura sintáctica de la emoción, es dispensación concertada de eso que muchos (o pocos) llaman amor. Los protocolos pesadumbrosos y las derrotas del espíritu que saben a arqueología de la ilusión vital, quedan desterrados cuando el orgullo por la cicatriz desarma a quienes se esfuerzan por señalar una y otra vez la realidad de las heridas. Lo real, casi siempre, es limitación, es frontera, es convalecencia proclamada. En la realidad habita “el imposible” que los agoreros, tan gustosos de los males, repiten a modo de sentencia.

Diango Hernàndez. Recuerda cuidarte, 2020. Courtesy the Artist and Paolo Maria Deanesi Gallery. (Photo credit: Paolo Maria Deanesi Gallery)

Has conseguido, contrario a lo que se espera de un artista que proviene de un contexto conflictivo y con amplia tradición en las formas del arte crítico, esa conversión maravillosa que te anuncia como un hacedor iluminado. Hay momentos de tu obra que pueden remitir a la dinámica de una dependencia de ciertas relaciones contextuales; sin embargo, esa digresión es apenas perceptible cuando se entiende que la contestación y la bravuconería no son el único destino del arte.

Esa, también lo sabemos, es una perspectiva peligrosa que de hecho suele reproducir muchos de los esquemas de exclusión con que opera ese otro represor que me observa desde el centro haciendo alarde de sospecha. Lo poético y lo lírico no deberían de extraviarse en las barricadas de la opinión ni entenderse como valores ajenos al arte, toda vez que resultan dos condiciones sustanciales y harto legítimas en una trayectoria cultural irrefutable.

Diango Hernàndez. Cuidate mucho, 2020. Courtesy l’Artista e Paolo Maria Deanesi Gallery. (Photo credit: Paolo Maria Deanesi Gallery)

Estas imágenes, y todo el repertorio que conozco de tu obra, juegan a desplazarse entre los espacios azarosos del arte y la vehemencia fruitiva de la vida: conectan ambos escenarios exiliando lo prescriptivo y sustantivando la libertad del símbolo. No seré yo quien niegue esa voluntad tuya por introducir la belleza ecuménica de la geometría y del color en el paisaje infinito de lugares y de sitios, aprehensibles unos y fugaces otros. Tal vez por ello siento su obra como una herida orgullosa respecto del poderío de su propia fragilidad y de su discutible permanencia. Eres una suerte de fino cirujano del horizonte arquitectónico. Allí donde existe un muro -erecto o en disenso- introduces la gramática de una resistencia estética que halla en esa geometría voluptuosa y cárnica las razones esenciales de su culto a la libertad.

Diango Hernàndez. Ya nos veremos, 2020. Courtesy l’Artista e Paolo Maria Deanesi Gallery. (Crediti fotografici: Paolo Maria Deanesi Gallery)

Puede que no seas del todo consciente de esto, pero tu singular proyección y estilo, insertan en tu propuesta nociones de perdurabilidad/evanescencia, representatividad/negación, emblema/modelo, canon/vagar del canon. Aquello de lo emergente y de lo provisional, ideas sobre la que se orquestó buena parte de tu operatoria enfática anterior, no está del todo olvidado en las actuales circunvalaciones y periplos de tu hacer. El arte conserva, de un modo extraño, sus marcas e invariantes.

Diango Hernàndez. Te extraño, 2020. Courtesy the Artist and Paolo Maria Deanesi Gallery. (Photo credit: Paolo Maria Deanesi Gallery)

El hecho de haber sido diseñador y proyectista, en estrecha complicidad con su buen gusto, evidencia tu indiscutible habilidad a la hora de apropiarte y de intervenir en cualquier tipo de espacio. La belleza de tus piezas no está exenta de cierta dosis de perversión. Hay algo incluso que se me antoja tremendamente sexual, corporal, cárnico, visceral. La repetición de patrones, la bulimia de la reproducción y la epifanía de sus formas coloridas por todos los rincones de este mundo, me recuerdan el ímpetu de una pubertad fervorosa y exultante. Siempre he creído que no solo produces obras; también, y mucho, proyectas un ideal de vida en el que la elegancia y la sofisticación no atienden a la urgencia de lo cotidiano ni a la tiranía de lo real. Vives fabulando, gestionando la simulación, orquestando mapas ficticios, diseñando idealizaciones que puedo advertir como reales.

Diango Hernàndez. Te mando flores, 2020. Courtesy the Artist and Paolo Maria Deanesi Gallery. (Photo credit: Paolo Maria Deanesi Gallery)

Tu obra me fascina, me seduce, me incita. Y esto, claro, al mismo tiempo que puede parecer redundante y peligrosa en ocasiones. Tu propuesta disfruta de la virtud de la conjugación y del equilibrio. Alcanza un ideal de equidad exquisito en el que la pulcritud de sus superficies dispensa los mismos grados de belleza y de sentidos que de énfasis conceptual. A la apariencia de la obra, equívocamente reducida al hedonista per sé, se le opone un campo axiológico meticuloso en sus propósitos y ambiciones. Eres un hombre que piensa y que produce discurso. Y lo haces consciente de algo que, me temo, resulta fundamental para ti: el bienestar de lo bello.

Nunca antes la alegoría y los mecanismos recurrentes de la traducción tuvieron tanta importancia y grosor en la obra de otro artista de la isla y su diáspora. Eres, por encima de cualquier otra definición o deriva, un fino alquimista, un intérprete de la simplificación de la pintura y de su espesor. Te sirves del texto, de la experiencia, de la biografía, del accidente, del viaje, del exilio, de la huida, de la afirmación, de la materia intelectual y afectiva y de su misma realidad/dimensión ontológica para traducir todo ello en un “hecho estético” irrefutable en término de competencia y de eficacia. Te va la vida en la articulación de ese mundo tuyo en el que no existe otra fortuna que el arte.

Diango Hernàndez. Mañana te escribo mas, 2020. Courtesy the Artist and Paolo Maria Deanesi Gallery. (Photo credit: Paolo Maria Deanesi Gallery)

Tus superficies, tremendamente bellas no se reportan ajenas a una densidad semiológica envidiable. Las obras son toda una narración, un ejemplo de escritura consumada, un gesto interpelante, pero, sobre todo, un susurro poético que restituye el valor y la real dimensión de la obra de arte. Eres un “converso” que dispensa “conversiones”, un delicado hereje en medio de tanta contestación bravucona y oleadas de rabia. Frente a la disidencia harto recurrente y marchita, tu impulso subversivo se me antoja más oportuno desde varios puntos de vista.

Estas botellas son la prueba de ese epistolario frustrado que pretendió echar a andar la pantalla de un ordenador. Pero el empeño sacralizador de la escritura desmonta cualquier gesto mediocre. El arte, en definitiva, es el beneficio de la nobleza frente al prejuicio de la arrogancia.

Te abrazo fuerte,

Andrés


Carta enviada al artista cubano Diango Hernández, a propósito de su exposición “Mensaje”, en Paolo María Deanesi Gallery, Trento, Italia. Este texto hace parte del nuevo libro de Andrés Isaac Santana, Gramática de Resistencia, que en breve publicará la editorial Advana Vieja.

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