Hoy me apetecía rememorar cómo fue la última edición del Art Exchange Festival (AEF), la iniciativa de la artista Alejandra Glez y el emprendedor Adán Perrugoría, cuando pasamos una increíble semana en La Habana con Carlos Aires, Ana Barriga, Juan Díaz-Faes, María Utzella, Paula Valdeón y Sara Zaldívar. El AEF tiene como objetivo principal ser “un puente cultural entre creadores latinoamericanos y europeos a través del arte contemporáneo”, puedes indagar más en su página web. Ahora, voy a contar la que fue mi experiencia personal como participante de esta última edición, por lo que si lo que buscas es información sobre el festival en sí, recomiendo la página web.
Nos citaron en la T4 cuatro horas antes de nuestro vuelo, porque más vale prevenir que curar. Algunos se conocían pero creo que la mayoría no teníamos trato, a los cinco artistas y dos comisarias se sumaba la creadora del festival Alejandra Glez, que no deja nada al azar, y la reina de la producción, Charleen Capote, ambas nacidas y crecidas en La Habana. Como venía diciendo, la mayoría no nos conocíamos pero cuando vas a pasar una semana con la misma gente te haces rápido, como en los campamentos. Antes de despegar la Barriga y el Aires se autoproclamaron los malotes de la clase, cambiando de asientos en el avión hasta que la azafata tuvo que llamarles la atención seriamente, cosa que tampoco les cohibió. Algunos durmieron, otras cotilleamos y al final todos llegamos reventados. Una gran cena nos esperaba en Yarini amenizada con música local, uno de los sitios más chic de La Habana (recomiendo), aguantamos poco y tras repartir las habitaciones, de nuevo como en los campamentos, nos fuimos pronto a dormir en un intento por regular el horario. Cada mañana Teresa nos preparaba el desayuno en la azotea del edificio en pleno San Isidro, el barrio cultural de La Habana Vieja, una de esas fachadas neoclásicas que nada tienen que ver con las de Madrid, esconde un interior reformado al estilo brutalista, haciendo la mezcla perfecta del caos que es este lugar, con plantas en cada esquina y rincón, todo abierto y con ese aire de lo auténtico que se huele en el ambiente. La leche es en polvo y la proteína principal el huevo, desayunábamos charlando e intentando descifrar qué nos depararía el día con la información que cada uno teníamos. Tras una rápida investigación, Aires descubrió que el tal Yarini era un proxeneta muy querido en San Isidro, que pasó, como en tantas ocasiones, de barrio rojo a barrio artístico, por lo que sea.
El primer día fuimos al ISA (Instituto Superior de Arte, ahora Universidad de las Artes pero todo el mundo lo sigue llamando el ISA), un impresionante proyecto arquitectónico en ladrillo visto basado en la forma del órgano reproductor femenino, una forma bastante acertada para un sitio en el que se gestan a diario nuevas realidades. Algo curioso de este sitio es que convergen todas las artes, en un mismo entorno se encuentra el centro de danza, música, artes plásticas y otras. Gretel, profesora de estudios cubanos, nos enseñó el lugar; Gretel si estás leyendo esto ¡felicidades por tu casamiento! Con las bocas más o menos abiertas fuimos atravesando los domos y cúpulas de este particular campus, un sitio difícilmente comparable con nada conocido. Las aulas eran redondas, talleres principalmente en los que los artistas desarrollaban una obra cargada de teoría. Son muy conceptuales los artistas cubanos, con elaborados y claros discursos basados en ideas, pues en la isla estas son más fáciles de conseguir que los materiales. También técnicamente son bastante impresionantes, “nosotros en primero no éramos tan buenos”, dijo Díaz-Faes refiriéndose al nivel de pintura y composición. De forma generalizada nos sorprendió el nivel, la calidad de obra, las ideas, eran más elevadas de lo que podríamos haber pensado, no porque esperásemos menos de ellos, quizás por el error de tenernos como referencia a unos mismos. Después fuimos a la galería El Apartamento, donde fue agradable encontrar la obra de artistas conocidos como Los Bravú o Eloy Arribas, resultado de esta sinergia buscada en el festival. Me doy cuenta mientras escribo que esto contado pierde, como cuando estás en mitad de una anécdota y notas que no va a hacer gracia. Además, dije que iba a contar la experiencia personal, y aunque todo esto lo experimentó mi persona, creo que es lo que no quedó registrado lo que vale la pena contar. En el Instagram del AEF podéis encontrar un carrusel con fotos de cada día y fliparlo con los looks de la Barriga.
Aprovechamos que íbamos con locales para intentar conocer la verdadera Habana, si es que eso es posible. La fantástica curadora Beatriz Hernández nos llevó de aquí para allá, Charleen se encargó, además de otro millón de cosas, de llevarnos a bailar a sitios como el King Bar (que hasta que vi el cartel pensé que se llamaba Quimbal, por ese maravilloso acento cubano) y el fotógrafo Joel Guerra nos enseñó que en muchas casas puedes comprar cervezas por unos pocos pesos, ni un euro, abriendo una veda que no estábamos preparados para cerrar, llegando a despertar a algunos de estos amables vecinos cuando llegábamos de fiesta para tomar la última en la azotea, o la penúltima. Nuestro vendedor de confianza acabó refiriéndose a Díaz-Faes como el hombre de la cerveza, lo cual acabó metiéndonos en un pequeño lío en una ocasión, más por culpa mía que suya, eso sí fue la experiencia auténtica. Aires leyó la letra pequeña y resultó que todas las cervezas que tomamos estaban producidas en España, algo que nos sorprendió bastante. Se confirma así que pueden entrar mercancías al país, las que interesan. Más sobre el tema puede leerse en La mentira del bloqueo a Cuba explicado con cervezas1 , y pienso que si todo se explicara con cervezas quizás se entenderían mejor las cosas.
Conocer La Habana de verdad no creo que sea posible si no la vives. Aún no entendemos cómo funciona. Con cortes de luz y agua intermitentes a diario, organizados por bloques, la gente adapta su vida a las condiciones de la precariedad con una resiliencia envidiable, de hecho cuando vivimos el apagón en Madrid, en Cuba se hicieron bastantes memes. No hay piezas para arreglar los camiones de basura, así que la basura no se recoge. Nos hablan de tener varios trabajos, el trueque y la economía sumergida pero con nuestros miles de pesos a cambio de 50€, siguen sin salirnos las cuentas. La supervivencia en Cuba es un arte y como para ser artista, una de las dolorosas claves es no desistir. En un conversatorio con artistas cubanos de un lado y nosotros del otro, se habló de esta resiliencia y sobre todo de la persistencia. Ante la pregunta por muchos temida “cómo ser un artista”, contestó Valdeón que “no hay una fórmula secreta, es un equilibrio entre ambición y paciencia”, a lo que Barriga añade la importancia de “hacer lo que te gusta, no por moda si no por gusto”. Aires destaca la hegemonía del espectáculo hoy en día, sobre cómo muchas veces no es tanto lo que haces si no cómo lo presentas, entonces Díaz-Faes apunta que ese hacer lo que te gusta es también una forma de consistencia, para luego reírse y decirnos que su web lleva 10 años siendo un WIP. Se habló también en esa sala, y por eso veo una relación entre ser artista y el arte de vivir, sobre cómo el arte siempre es social. A día de hoy lo común es ser acrítico, apolítico, habiendo esto llegado a ser un rasgo de nuestra sociedad, por lo que, aunque no estés haciendo una crítica social explícita, la sociedad queda así representada, criticada. Somos seres sociales, el arte cobra sentido cuando conecta con alguien, cuando trasciende, cuando de alguna manera retrata su tiempo y la nostalgia es trasladada al lienzo.
Compartiendo una semana 24/7 nos dio para hablar de muchas cosas, y aunque esta última conversación registrada nos da un aire filosófico y sofisticado, siendo honesta me gustaría acabar con la verdad, pese a que como señaló Guy Debord, “en el mundo realmente invertido, lo verdadero es un momento de lo falso”2 . La verdad es que las conversaciones derivaban casi siempre en lo sexual y lo escatológico, por separado claro. Ya en la T4 Díaz-Faes se declaró “bastante fan de la caca”, siendo el instigador principal de esta temática de conversación; descubrí poco después que este observador incansable no era un mero fan pues tiene dos libros dedicados al tema, Escacalógico y Cromaticaca, agotados en todas las librerías. Cambiando de tema, algunas más de acuerdo que otras, destacaron la lejía y la bayeta como olores que generaban cierta reminiscencia a según qué contexto, no creo que deba oler así chicas. Pensándolo en el avión, concluyo que estos temas pueden surgir y desarrollarse en casi cualquier contexto, con edades y procedencias dispares por ser de nuestra sociedad los más transversales. Quiero recuperar un fragmento, y con esto dejo de hablar de caca, de la oda popular que respalda esta tesis: “Cagar es un placer, de cagar nadie se escapa, caga el rey, caga el papa, caga el buey, caga la vaca, y hasta la señorita más guapa hace sus bolitas de caca”, y si no que se lo digan a Paula. Almodóvar, paso de cine.
Aprovecho la ocasión para dar de nuevo las gracias al AEF por hacer esto posible, a Alejandra y Adán en particular y a Charleen, Betty y Yoyo por cuidarnos, a Pachuco, Teresa, Gaby y todos los que nos hicieron sentir como en casa, de nuevo, gracias.
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1 Gabriela Moreno, “La mentira del bloqueo a Cuba explicado con cervezas”, PANAMPOST, 18 de junio de 2024, vía: https://panampost.com/gabriela-moreno/2024/06/18/mentira-del-bloqueo-a-cuba/
2 Guy Debord, La sociedad del espectáculo, Valencia, PRE-TEXTOS, 2002, duodécima impresión de la 2ª edición (2025), p. 40.







