Sobre el control de los cuerpos de las mujeres. Artistas contra las políticas de reproducción

by • 26 noviembre, 2021 • Artistas, Feminismo, Woman Art HouseComments (0)487

La violencia ejercida hacia la mujer puede examinarse desde múltiples enfoques, en esta nueva entrada de Woman Art House nos vamos a acercar, a través de la mirada de una selección de artistas, a uno de los temas más polémicos y controvertidos: la obsesión por controlar el cuerpo femenino y los derechos reproductivos de las mujeres.

Seguimos y seguiremos luchando por los derechos sobre nuestros cuerpos, en unas sociedades cambiantes e inestables que fluctúan dependiendo de quién esté en el poder. Es cierto que se han conseguido avances, como es el caso de lo ocurrido en Argentina en 2020, pero sigue habiendo estancamientos y retrocesos en la lucha por nuestros derechos. La escritora y activista Gloria Steinem en una entrevista publicada con motivo de su reciente Premio Princesa de Asturias afirmaba: “El patriarcado necesita controlar la natalidad, los úteros. Recordad que una de las primeras cosas que hicieron Hitler y Mussolini fue cortar cualquier acceso al control de la natalidad por parte de las mujeres.”

Exigimos el control sobre nuestros cuerpos. No solo hablamos sobre el derecho al aborto, que se ha utilizado dependiendo de en qué parte del mundo te haya tocado vivir como un símbolo de dominación, ya sea prohibiéndolo y demonizando a las personas que quisieran ejercer ese derecho o como una obligación en países donde las políticas del hijo único han estado vigentes hasta hace relativamente poco, sino también sobre las prácticas de control de natalidad en las que las mujeres son obligadas por el Estado a implantarse métodos de anticoncepción como puede ser el DIU. Esta situación, que puede parecernos lejana, saltó hace relativamente poco tiempo a la luz por el testimonio de Britney Spears en el que contaba que fue obligada por orden judicial a colocarse uno de estos dispositivos como método de control, ella no es la única, a lo largo del mundo miles de mujeres son obligadas a utilizarlos -sin su consentimiento- para cumplir objetivos de planificación familiar como ocurre, por ejemplo, en China con las mujeres Uighuríes.

Las artistas no se han quedado impasibles ante esta situación y han reflejado en sus obras su reacción y reivindicaciones ante estas imposiciones que sufrimos sobre nuestros cuerpos.

Arahmaiani. Do Not Prevent the Fertility of the Mind, 1997-2014. Cortesía del Museo MACAN/File

Una de las creadoras que critican esta situación es la artista Arahmaiani (Bandung –Indonesia, 1961), entre sus trabajos encontramos la instalación titulada Do not prevent the fertility of the mind (No prevengas la fertilidad de la mente) [1997-2014], una pieza que rompe tabúes en la que Arahmaiani reflexiona sobre la “colonización por parte del estado incluso en la parte más interna de los cuerpos (de las mujeres)”. En la pieza, la artista habla de las dos maneras en las que las autoridades indonesias han restringido a las mujeres, por una parte en su libertad creativa (la artista fue arrestada por sus acciones artísticas en su época de estudiante) y por otra en el exhaustivo control de la fertilidad femenina impulsado por alguno de los líderes del país, como fue el caso del presidente Suharto que gobernó en los años 90 del siglo XX.

Mientras que a finales de los años 90 Arahmaiani denunciaba esta situación en Asia, en Europa se gestaba por parte de Paula Rego (Lisboa, 1935) una de las grandes series artísticas dedicadas al aborto clandestino. La serie, titulada Untitled [1998], surge por la baja participación en el referéndum realizado en Portugal en 1998 sobre la despenalización del aborto dando como resultado que la ley no saliese adelante.

Paula Rego. Untitled no. 4, 1998.

Las piezas que componen la serie muestran los momentos previos o posteriores a la realización de la intervención clandestina. En ellas vemos mujeres desafiantes ante el sistema que las hace refugiarse en la ilegalidad, mujeres vulnerables por las condiciones de salubridad en esos lugares recónditos, mujeres doloridas quizá por las malas prácticas de la persona que llevó a cabo la intervención…

En América Latina encontramos a la artista Ana Gallardo (Buenos Aires, Argentina, 1958) que, como ella explica en un artículo publicado en la web de la Bienal Mercosul, propone con sus obras una manera de ejercer el arte como una herramienta testimonial y de transformación. Su instalación Material descartable [1998/2000] pone de manifiesto que “la violencia en la clandestinidad del aborto es un problema de hipocresía de clase. ​De abuso económico. De abuso de las religiones. De corrupción estatal. Los objetos de la vida doméstica ponen el foco sobre las relaciones de poder que se esconden en eso que llamamos “vida privada”. Estos objetos, materiales recurrentes en situación de urgencia, logran desarmar la fantasía de la felicidad femenina asociada al trabajo doméstico y al hogar. Se convierten en armas, en material quirúrgico, son utilizados para interrumpir embarazos en la clandestinidad. De otro modo, dejan ver las maneras en que las mujeres, a lo largo de la historia, han logrado afirmar su deseo de no ser madres a pesar de la criminalización. Lo doméstico como ámbito quirúrgico, como herramienta política.”

Ana Gallardo, Material descartable. 1998-2000

Siguiendo en la misma década de los 90, en Estados Unidos encontramos un cartel realizado por el colectivo artístico Guerrilla Girls (Nueva York, 1985) en el que se puede leer: “Guerrilla Girls demand a return to traditional values on abortion. Before the mid-19th century, abortion in the first few months of pregnancy was legal. Even the Catholic Church did not forbid it until 1869.” (Guerrilla Girls exige un retorno a los valores tradicionales sobre el aborto. Antes de mediados del siglo XIX, el aborto en los primeros meses de embarazo era legal. Incluso la Iglesia Católica no lo prohibió hasta 1869.) [1992]. El colectivo publicaba recientemente en su cuenta de Instagram: “Durante más de un siglo se ha debatido sobre los derechos reproductivos de las mujeres. Las diferentes visiones de la sociedad y el estado, el papel de la religión y los límites de la libertad individual chocan. ¿Quién debería tener el voto decisivo en este asunto: la sociedad o las propias mujeres? Este problema puede dividir fundamentalmente a las personas y provocar actos de agresión. El relato de las experiencias personales e individuales, y especialmente la perspectiva de las mujeres, se pierden en el debate.

Según nos acercamos a la actualidad encontramos nuevos proyectos muy interesantes de artistas que trabajan sobre esta temática de una manera clara, directa y huyendo de tabúes, es el caso de la artista española Laia Abril (1986) y su proyecto History of Misogyny (Historia de la misoginia), que incluye un apartado titulado On Abortion and the repercussions of lack of Access (Sobre el aborto: y las repercusiones de la falta de acceso). En este trabajo realiza un exhaustivo archivo documental de los problemas y obstáculos que las mujeres de todo el mundo se encuentran a la hora de plantearse un aborto. La artista explica en su página web: “En todos los países y religiones, la ley y la coerción social impiden que millones de mujeres puedan acceder a las tecnologías del aborto y se ven obligadas a llevar sus embarazos a término en contra de su voluntad. Algunas son menores de edad y víctimas de violación. Para muchas, el embarazo no es viable o presenta riesgos para la salud. Las mujeres a menudo son criminalizadas y perseguidas en países donde los abortos se consideran ilegales. Además, en El Salvador, las mujeres que sufrieron un aborto espontáneo están siendo acusadas de homicidio y enfrentan penas de prisión de hasta 40 años. Lamentablemente, al mismo tiempo que se viola la confidencialidad de la paciente, incluso cuando la interrupción del embarazo es médicamente necesaria para salvar la vida de la paciente; Se sabe que los proveedores de atención médica denuncian a quienes han intentado abortos autoinducidos. Por otro lado, cualquier persona que ayude a una mujer a abortar en un país donde es ilegal puede ser encarcelada e incluso arriesgar su vida para realizar el procedimiento. En 2016, por primera vez en la historia, el Papa Francisco permitió que las mujeres católicas que habían practicado abortos buscaran el perdón a través de la confesión. Pero si bien esto puede parecer un paso adelante, perpetuó el estigma de culpa que rodea las decisiones de las mujeres. Mientras tanto, los políticos explotan el aborto como moneda de cambio de campaña; hacer de las cuestiones reproductivas una cuestión política, más que una cuestión de derechos.

Otra artista que replantea las políticas de reproducción es Aliza Shvarts (Nueva York, 1986), uno de sus proyectos más controvertidos es Untitled [Senior Thesis] (Sin título [Proyecto de tesis de último año]) [2008] en el que explora las reacciones provocadas ante un aborto autoadministrado. La artista, durante su último año académico en Yale, documentó el proceso en el que cada mes se inseminaba para posteriormente ir a una habitación de hotel a ingerir medicamentos abortivos, lo que le provocaba calambres y sangrado. En el texto de la exposición titulada Purported se explica que «este sangrado podría haber sido un período normal o un aborto espontáneo autoinducido en una etapa muy temprana; el trabajo se diseñó intencionalmente para que ni siquiera la artista supiera cuál de las dos opciones era«.

La artista pretendía mostrar, en la exposición de fin de curso, un cubo escultórico revestido con su propia sangre, así como documentación en video del proceso. El trabajo provocó una gran controversia, llegando a ser censurado por Yale que alegó ante la prensa que era una ficción creativa, hecho que Shvarts se negó a ratificar.

Aún hay mucho que añadir, muchas artistas que mostrar, muchas reivindicaciones pendientes ante una sociedad que nos juzga y dicta la manera en la que nos tenemos que comportar, vestir, amar y en la que si no cumples se te cuestiona, violenta y erige como culpable de situaciones en las que tú eres la víctima. No bajaremos la voz hasta que se reconozcan los derechos de las mujeres en todo el mundo. Concluyo con una frase de la activista Florence Kennedy en la que se muestra una realidad diferente y el doble rasero al que nos enfrentamos: ‘If men could get pregnant abortion would be a sacrament basic human right!!” (Si los hombres pudieran quedarse embarazados, el aborto sería un sacramento básico de los derechos humanos). Seguiremos en la lucha.

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