La Galería Travesía Cuatro abre la temporada con un doble gesto que, lejos de yuxtaponer, propone un diálogo complejo entre dos modos de entender la materialidad del cuerpo y la fragilidad de la memoria. Las exposiciones individuales de Donna Huanca (Chicago, 1980) y Joeun Kim “Aatchim” (Seúl, 1989) trazan un territorio compartido: la búsqueda de lenguajes plásticos capaces de interpelar lo íntimo, lo ritual y lo político.
Las niñas del altiplano: la soberanía del cuerpo según Donna Huanca
En Las niñas del altiplano, Huanca despliega un universo sensorial donde la pintura, la escultura y el sonido se entrelazan en un espacio concebido como santuario o útero metafísico. Las figuras femeninas evocadas por la artista no son símbolos pasivos ni ilustraciones de un mito colectivo: son presencias soberanas, cuerpos que resisten y que inscriben sus huellas en la materia. Las gruesas capas de óleo, pigmento y texturas epidérmicas con las que construye sus lienzos sugieren una corporalidad porosa, abierta a la herida y a la sanación. Sus esculturas, elaboradas con aluminio, arcilla y materiales transparentes, funcionan como registros gestuales: superficies que fijan la energía del movimiento, como si la artista performara sobre la propia materia. A ello se suma una banda sonora estratificada que envuelve la instalación y activa una vibración elemental, casi telúrica.
La trayectoria de Huanca se ha caracterizado por cuestionar la mirada masculina y desplazarla hacia narrativas femme e indígenas, especialmente andinas. En este sentido, su práctica ritual no es mero decorado: es una herramienta de desestabilización y de construcción de futuros posibles. Sus exposiciones no se limitan a “estar en” un espacio arquitectónico, sino que lo reconfiguran, lo habitan y lo reencantan.
Virgin Thoughts: la transparencia y el borrador perpetuo de Joeun Kim “Aatchim”
Frente a esta densidad material, Virgin Thoughts de Joeun Kim “Aatchim” se aproxima al lienzo desde el terreno de la transparencia y la fragilidad. La artista surcoreana presenta retratos y naturalezas muertas realizados sobre organza de seda, cuya superposición genera imágenes en estado de borrador perpetuo. Lejos de buscar una resolución formal, Aatchim insiste en la provisionalidad: cada capa es un pensamiento inaugural, una tentativa que se acumula sin clausura. Así, lo que se muestra al espectador es una memoria en construcción, atravesada por la vulnerabilidad de lo inacabado.
“Son mis primeros pensamientos, mis primeras acciones, mis primeras presentaciones —por lo tanto, vírgenes”, afirma la artista. Ese carácter virgen no apela a la pureza ingenua, sino a la posibilidad de permanecer en lo indeterminado, de resistirse a la clausura definitiva. La obra de Aatchim dialoga con sus diarios íntimos, práctica sostenida durante más de una década, donde la escritura y la imagen se cruzan para procesar experiencias de enfermedad, sanación, trauma, fe y migración.
Travesía Cuatro: del ritual telúrico a la transparencia íntima
La convivencia de estas dos exposiciones en Travesía Cuatro sugiere un contrapunto productivo. Huanca trabaja desde la densidad ritual, corporal y telúrica; Aatchim desde la ligereza del esbozo y la transparencia. Ambas, sin embargo, se resisten a lo definitivo y proponen al espectador entrar en un tiempo distinto: el de la gestación, la fragilidad y la potencia latente.
Fechas: Hasta el 15 de noviembre de 2025
Lugar: Travesía Cuatro, Madrid




