Entrevista a Claudio Correa: “El arte para ser político requiere de la calle, de aquello mundano e imprevisto que se opone a lo convencional, hoy día pauteado por la moralina de las redes sociales”

by • 25 noviembre, 2019 • Artist Interviews, EntrevistasComments (0)525

Espectros visibles es el último proyecto del artista chileno Claudio Correa, comisariado por Alexandra Laudo y exhibido en el Museo Castell de Montjuïc hasta el 31 de enero de 2020. La exhibición muestra la investigación del artista sobre óptica y numismática. En una sala totalmente oscurecida, un conjunto de dispositivos, compuestos por lentes ópticos y antiguos proyectores soviéticos, proyectan el rostro de Franco y de los monarcas Alfonso XII e Isabel II acuñados en pesetas de distintos periodos. El artista intervino las pesetas con perforaciones y pequeños cortes, generando una suerte de anamorfosis que se puede contemplar en las imágenes ampliadas. El recorte de los rostros sugiere la idea de prótesis facial, mientras que su proyección problematiza la abstración y detracción del poder. A la puesta en escena de los rostros mutilados Claudio Correa añade la proyección de la frase Por la G. de Dios que cada peseta contiene inscrita, tensionando la idea de gracia divina y labilidad humana.

Claudio Correa

P.C.- A modo de introducción, el crítico de arte y curador cubano Gerardo Mosquera señala, en su texto La nave fatal del catálogo de tu exposición Libertad, Igualdad, Fatalidad (2016), que tu trabajo permanentemente se ha caracterizado por el uso de la pintura en forma instalativa, ¿estas de acuerdo con esa descripción considerando que defines tu trabajo dentro del género de la instalación objetual?

C. C.- Puede ser que coincida con un tipo de artista que es mas propio de la pintura que de la instalación o del artista más contemporáneo, que tiene un desapego hacia lo manual y funciona como una entelequia que diseña y manda a producir sus trabajos.

P.C.- A este respecto, ¿la importancia de la manualidad pasa por tu formación?

C. C.- Si, pasa por el lugar donde estudié, la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, y la preocupación por un tipo de realismo en pintura, el realismo español, que es mucho más expresionista que el realismo francés, pensado en Corot y Courbert, quienes son mucho más temáticos. Si uno piensa en Sorolla que toma como antecedente a Velázquez, en la parte de la mancha, precisamente, la combinación retiniana vendría a ser lo que me generó la inquietud por la óptica.

P.C.- A propósito de la óptica, ¿puedes contarnos en que consiste Espectros visibles curada por Alexandra Laudo y exhibida en el Museo Castell de Montjuïc?

C. C.- Es una instalación compuesta de esculturas formadas por trípodes, antiguos proyectores, lentes fotográficos y monedas españolas, pesetas. Los dispositivos de proyección tienen luces intermitentes, accionadas por un switch que se prende y apaga, y que proyectan los rostros de Franco y algunos monarcas españoles acuñados en las pesetas. El sonido que se escucha en la instalación emula el clic de una cámara fotográfica y la cadencia del disparo es afín al sonido del interruptor. La luz y el sonido forman un ritmo que, en la sumatoria de disparos, genera una suerte de melodía.

P.C.- ¿Cuál es la relación entre luz y sonido en Espectros visibles?

C. C.- Pasa por un planteamiento de cómo entender la fotografía en el espacio. Intento recuperar la dimensión espacial de la imagen fotográfica en el contexto de las nuevas tecnologías como, por ejemplo, la fotografía digital. Genero retroproyecciones mediante la instalación de dispositivos ópticos que reproducen el interior de una cámara réflex. Los dispositivos también producen sonidos, disparos que nos recuerdan un poco al cine.

Claudio Correa

P.C.- Al reinterpretar el sistema de proyección de una cámara réflex, ¿estabas interesado en la imagen por sí misma o en el dispositivo que la genera?

C. C.- Me interesaron ambos, no los pensé por separado. Mi trabajo da cuenta del proceso por el que se genera la imagen y el dispositivo que genera la imagen es parte fundamental del proceso, es decir, la tramoya del espectáculo es parte del espectáculo. Entonces, en mi instalación el trípode es tan imagen como la proyección fotográfica que se genera en la pantalla.

P.C.- A propósito de los vínculos, ¿qué opinas de la relación que hay entre las imágenes de los dispositivos móviles y las redes sociales?
C. C.- Encuentro violento la necesidad de buscar imágenes cada vez más intensas. Las pantallas de los dispositivos móviles generan un círculo vicioso que intensifica la vida, como la comida rápida intensifica los sabores. En el caso de los dispositivos visuales, por ejemplo, el rojo es mas rojo que el rojo natural, lo que nos distancia poco a poco de lo real.

Claudio Correa

P.C.- Si entendemos la violencia desde la inmovilidad y la coacción, ¿crees que el arte tiene un potencial político en la medida en que el acto creativo fundamentalmente es movimiento y acción?

C. C.- Para generar ese movimiento es necesario la confrontación, que no veo cuando voy a exposiciones de arte político. En general, no percibo ni polémica ni conflicto, sino más bien consenso. El arte para ser político requiere de la calle, de aquello mundano e imprevisto que se opone a lo convencional, hoy día pauteado por la moralina de las redes sociales. En ese contexto podemos encontrar obras que repiten enunciados feministas, transversales a todos, y que son completamente obvias como obras de arte. Entonces, la pregunta es mas trascendental, ¿necesariamente lo político tiene que estar dentro de un espectáculo? Creo que la crisis de la política en este sentido es que es cada vez más espectáculo y está dentro de una lógica de significados fáciles y de clichés.

Claudio Correa

P.C.- Quieres decir que entre más panfletario el arte se vuelve más espectáculo y por tanto anula su potencial político…

C. C.- La cultura del entrenamiento ya es parte de la política y la facilidad de los contenidos es parte del consumo de masas. Stalin, por ejemplo, censuraba todo arte que pudiese ser complejo para el pueblo, por este motivo las vanguardias rusas fueron desplazadas por el Realismo Socialista, un arte más políticamente comprometido y obvio. Lo espectacular tiene un rendimiento político innegable. En el contexto del actual estallido social en Chile, la diputada Pamela Jiles en una entrevista cita la definición de Guy Debord de espectáculo como la relación social entre las personas mediatizadas por las imágenes. A mi entender el saber cómo moverse dentro de un espacio dado para la simulación es la cuestión política de hoy. Desconfío del rótulo político si no va acompañado de una reflexión sobre la imagen misma. La obligación de que el arte tenga que ser político hoy en día lo encuentro una estrategia más de mercado, del mercado arte político creado para una comunidad.

Claudio Correa

P.C.- Para finalizar, ¿qué opinas de la idea de que el arte tiene que ser políticamente correcto?

C. C.- Lo políticamente correcto ha sido optimizado por el mercado como otra forma de construir comunidades y el arte sería una plataforma de contenidos para posibles consumidores que no se adhieren a la comunidad, sino a comunidades que consumen el reforzamiento de su propia imagen. Es el mercado de la diferencia. Rainer Fassbinder, por ejemplo, decía los judío fílicos son en realidad judío fóbicos, y lo decía en el sentido perverso de designar zonas de exclusión, donde la sensibilidad ubica a las personas de las llamadas minorías en zonas donde sus demandas sean más inofensivas.

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