Artista IA seleccionado por el jurado creAtIva AI Art Book Vol/9 ‘ART: it is argument’
Como comisario de arte digital vinculado a las prácticas con inteligencia artificial, me interesan especialmente aquellos artistas que no se limitan a utilizar la IA como un recurso de producción acelerada, sino que la convierten en un espacio de investigación visual y conceptual. En ese territorio sitúo con claridad a John Wong. Su proyecto Museum of Prompt no se presenta como una simple colección de retratos generados, sino como una reflexión sostenida sobre qué significa producir imágenes cuando el lenguaje, el error, la máquina y la decisión artística entran en fricción. Lo que encuentro más sólido en su planteamiento es que parte de una intuición muy precisa: el prompting no es solo una técnica, sino un nuevo contexto para pensar la imagen contemporánea.

Ese punto de partida modifica por completo la lectura de la serie. Wong no entiende la IA como un atajo ni como una garantía de espectacularidad, sino como un sistema con el que dialogar, discutir e incluso perder el control. Por eso el retrato, en sus manos, deja de ser un género estable. Sus figuras aparecen y se deshacen al mismo tiempo. Hay rostros que todavía conservan una estructura legible, y otros que parecen atravesados por barridos, rasgaduras, veladuras y vibraciones cromáticas que los empujan hacia un estado de inestabilidad. Esa tensión no debilita la imagen; al contrario, le da densidad. En lugar de ofrecer una identidad cerrada, la obra abre un campo donde el rostro se convierte en superficie de traducción, de interferencia y de duda.
La referencia más inmediata que se activa en mi lectura es Gerhard Richter. No por una semejanza superficial, sino por una afinidad más profunda en la manera de tratar el retrato como algo que nunca termina de fijarse. MoMA explica que Richter comenzó a arrastrar la pintura todavía húmeda para suavizar bordes y desenfocar la imagen, cuestionando así la estabilidad de la representación fotográfica. En John Wong encuentro una operación comparable, aunque desplazada a un terreno plenamente postdigital. Si Richter trabajó la ambigüedad desde la pintura y la fotografía, Wong la traslada al entorno algorítmico: el desenfoque se vuelve glitch, la pérdida se convierte en error interpretativo, y la alteración del rostro deja de remitir solo a la memoria para hablar también del modo en que la máquina lee, transforma y descompone lo que se le pide.
Lo decisivo es que, en Museum of Prompt, esos fallos no se entienden como residuos indeseables. Son el centro del proyecto. Esa idea me parece especialmente pertinente dentro del panorama actual de la imagen generada, donde demasiadas veces se persigue una perfección visual sin conflicto. Wong hace justo lo contrario: se detiene en la anomalía. Trabaja el error como materia expresiva. Y ahí la serie gana una calidad plástica muy singular, porque sus fracturas visuales no parecen arbitrarias. Están medidas. Tienen peso. Sus arrastres, cortes y deformaciones contienen una energía casi pictórica que hace pensar la imagen no como un producto terminado, sino como el rastro de una negociación continua entre intención y accidente.
También considero relevante la evolución de su proceso. Lo interesante no es solo que utilice prompting, sino que haya sentido la necesidad de ralentizarlo. Esa voluntad de permanecer más tiempo dentro de la obra, de microeditar, de intervenir y de construir incluso herramientas propias para manipular la imagen, devuelve espesor temporal a una técnica que muchas veces se percibe únicamente desde la inmediatez. En ese gesto hay una postura artística clara: resistirse a la velocidad como valor en sí mismo y recuperar una relación más lenta, más física y más sensible con la imagen. Para mí, ahí reside una parte importante de la madurez del proyecto.
Desde el punto de vista visual, el color desempeña un papel esencial. Rojos encendidos, rosas eléctricos, amarillos tensos, azules fríos y verdes velados construyen un clima emocional que desplaza continuamente la lectura del retrato. En algunos casos, la imagen se aproxima a una intensidad casi pop; en otros, se vuelve espectral, como si la figura estuviera a punto de desaparecer detrás de su propia radiación cromática. Esa combinación entre atracción y extrañamiento es una de las cualidades más potentes de la serie.
En el terreno cinematográfico, la comparación que me resulta más útil es Wong Kar-wai, especialmente In the Mood for Love. BFI describe su cine a partir de texturas oníricas, colores vívidos y una atmósfera emocional hipnótica. No establezco esta referencia para forzar un paralelismo, sino porque en John Wong también percibo una imagen construida desde la atmósfera más que desde la definición cerrada. Como en ciertas secuencias del cine de Wong Kar-wai, el color carga de emoción aquello que no termina de explicarse del todo. La figura queda suspendida en un umbral entre cercanía y distancia, entre presencia y fuga.
Descubre su obra y texto original de artista en Vol/9, junto a la narrativa en voz y su vídeo en Realidad Aumentada.
Haz tu pedido aquí.
Texto revisado mediante herramientas de IA
Etiquetas: creAtIva | AI Art Book, John Wong Last modified: 22 junio, 2026





