Tu silencio no te protegerá: Diario de la comisaria

by • 23 septiembre, 2022 • Exposiciones, MadridComments (0)450

«Todavía no me creo lo que habéis hecho», esta frase pronunciada por Omar Jerez (creador de la teoría Arquitectura Híbrida Simulada) durante la exposición experimental Tu silencio no te protegerá fue tónica general entre los asistentes a la muestra.

Está claro que no fue una exposición al uso, lo primero que sorprendía al visitante era la ubicación. Siguiendo las pautas de la teoría, el espacio elegido para mostrar el proyecto debía estar alejado del circuito de arte y los espacios habituales de exposición. En este caso nos alejamos del cubo blanco para adentrarnos en un terreno desconocido, un piso modesto en el madrileño barrio de Moratalaz, que gentilmente nos cedió su dueña -Toñi- para llevar a cabo el experimento.

Vista general de la exposición «Tu silencio no te protegerá» celebrada el pasado 15 de septiembre en Madrid

La segunda cuestión que asombraba a los asistentes era la hibridación de las piezas con el entorno. Siguiendo la teoría Arquitectura Hibrida Simulada, todas las piezas debían estar integradas perfectamente en el espacio, sin modificarlo de manera agresiva, para generar debate sobre lo que se considera arte y la manera de entenderlo y exponerlo.

Teniendo en cuenta las dos cuestiones explicadas anteriormente, creo que es momento de introducirnos en mis impresiones como comisaria de la muestra. Cuando te proponen un proyecto así debes tener la mente muy abierta y hacer un ejercicio de reflexión importante. Se podría encarar de diferentes maneras, por un lado puedes ceñirte al decálogo de la teoría y camuflar piezas en un entorno ajeno, con mayor o menor acierto; y por otro puedes utilizar este decálogo como pretexto para lanzar un mensaje. Yo no tuve ninguna duda, elegí la segunda opción, ya que nada más proponerme el proyecto vino a mi cabeza que era la oportunidad perfecta para romper la narrativa de silencio que ha rodeado a las mujeres desde hace siglos.

Vista general de la exposición «Tu silencio no te protegerá» celebrada el pasado 15 de septiembre en Madrid

La visita a «Tu silencio no te protegerá»

Creo que ninguno de los asistentes se dio cuenta de que Omar Jerez y yo estábamos realizando una suerte de performance durante toda la tarde que duró la exposición. Mientras que él recibía a los visitantes, les invitaba a sentarse en el salón y charlaban tranquilamente sobre la teoría y, posteriormente, sobre las impresiones que la muestra les había provocado. Mi labor consistía en saludar a los invitados y entrar a la cocina donde guiaba a los visitantes por la muestra. Prácticamente no salí de ese espacio más de 10 minutos en toda la tarde. Es cierto que la exposición se celebraba en la cocina de la casa y que yo como comisaria tenía que estar allí para orientar al público pero lo podría haber hecho desde fuera de ese pequeño espacio.

La intención era demostrar que aún tenemos muy asumidos ciertos comportamientos que hemos vivido desde que éramos pequeños, con nuestras madres, abuelas, tías…, que siempre estaban en la cocina preparando la comida del domingo, la de Navidad, recogiéndolo todo… mientras que ellos estaban en el salón charlando o tomando algo.

¿Qué ocurría una vez recibíamos a los visitantes? Omar explicaba en qué consistía la teoría y yo invitaba al grupo a pasar a la cocina de la casa donde explicaba brevemente el concepto que escondía mi propuesta y les invitaba a recorrerla, observar sus objetos y plantear sus teorías… Al principio eran tímidos, pero pronto comenzaba un interesante debate sobre los elementos que encontraban en la cocina, en muchos casos objetos de la dueña de la casa a los que dotaban de un significado muy potente y que perfectamente podrían haber formado parte de la exposición. En otros casos, los más aventajados encontraban alguna de las piezas ocultas por las artistas: Ende, Cristina Huarte, Julia Martínez, Marta Nieto y Diana Velásquez.

Detalle de la pieza de Diana Velásquez

¿Cuáles fueron las propuestas de las artistas?

A estas alturas seguro que quieres conocer más sobre las artistas y sus piezas, así que vamos a hacer un pequeño repaso por sus obras.

En el caso de Diana Velásquez su pieza hablaba sobre los obstáculos que se interponen en la vida de la mujer, y sobre el hecho de que por mucho que lo intente nunca llega a cumplir con las expectativas que la sociedad le exige. Esta sensación intangible de no llegar y no saber exactamente cuánto falta para lograrlo la une con el vocabulario utilizado en las recetas de cocina para nombrar a cantidades irregulares: una pizca, un pellizco… Su pieza era un ready made, unos utensilios de cocina en los que la artista grabó este vocabulario de cocina para invitarnos a reflexionar sobre situaciones que sufre la mujer como el techo de cristal, los salarios más bajos, la crítica social al no cumplir la expectativa en cuanto a la maternidad, etc

Detalle de la pieza de Cristina Huarte

Por su parte, Cristina Huarte propuso un canto a la vida, al renacer, a la resurrección. Su pieza integrada dentro del horno de la casa consistía en un pequeño exvoto, una pira realizada con carbón sobre la que se dispusieron algunas acículas. ¿Qué reflexiones encerraba esta pequeña tea? Por un lado, la pieza hace referencia al fuego, símbolo de la purificación, elemento que quema lo viejo y da vida a lo nuevo. Esta comunión con el fuego y la purificación trasladan a la artista a los temazcales, espacios rituales mexicanos donde se realizan ceremonias guiados por un chamán. Lugares que tienen la particularidad de que cuando sales de ellos tienes la sensación de nacer nuevamente del vientre materno y salir a una nueva vida.

Por otro lado, Huarte relaciona el uso del horno con la figura de Sylvia Plath, su suicidio y la necesidad de cuidar la salud mental de todos. La escritora acostó a sus dos hijos pequeños, les dejó el desayuno junto a la cama, taponó la puerta de la habitación donde dormían y se dirigió a la cocina, donde abrió el gas y metió la cabeza en el horno. Plath escribió en uno de sus poemas: «Morir es un arte, como todo lo demás. Yo lo hago excepcionalmente bien». Qué vida tan dura debió vivir.

Detalle de una de las piezas de Marta Nieto

Si continuamos el recorrido por nuestra peculiar cocina nos encontramos con el trabajo de Marta Nieto. En su caso, Marta nos advierte de que el lenguaje es poderoso y crea etiquetas que no son fáciles de quitar. ¿Qué etiquetas nos han colgado a las mujeres? Múltiples, y no muy agradables por desgracia. La artista comenzó a realizar su proyecto a partir de un refranero de 1980 que tenía en casa. Al leerlo vio que los referidos a las mujeres eran especialmente infames, al igual que su explicación. Frases hechas y refranes que se han repetido millones de veces y que hicieron que varias generaciones crecieran asumiendo que esas etiquetas eran realidades.

En la muestra encontrábamos las sentencias: «El amor de la mujer en la ropa del marido se echa ver» y «No hay carga más pesada que la mujer liviana». No somos esclavas de los hombres, nuestra vida privada es nuestra y nadie debe opinar sobre ella. Quiero pensar que hoy sería inviable que se publicase un refranero con semejantes faltas de respeto a las mujeres.

Vista de la pieza de Julia Martínez

Llegamos a la pieza que más sorprendió de la exposición. Nadie logró encontrarla. A veces, incluso a mí, sabiendo donde estaba me costaba trabajo verla. El trabajo conceptual de Julia Martínez fue sublime. Su propuesta consistió en la creación de dos huellas dactilares que se dispusieron sobre el fregadero de la cocina. La huella dactilar es una impresión que perdura en el tiempo, es muy difícil de borrar y con las herramientas adecuadas vuelven a mostrarse. Julia quería poner en valor la permanencia de la mujer, estamos aquí aunque nos invisibilicen, estamos aquí aunque pretendan dañarnos, estamos aquí aunque crean que nuestras vidas valen menos. Estamos presentes, aunque crean que somos invisibles, y en cualquier momento podemos resurgir como la huella oculta de su pieza.

Por último llegamos a Ende, solo dos mujeres entre los asistentes a la exposición la conocían y esto habla de lo necesario que son los estudios, textos, exposiciones… que tratan de dar visibilidad a las mujeres artistas que han sido borradas durante siglos. Ende era una artista, iluminadora e ilustradora española del siglo X. Es la primera pintora documentada de la Europa occidental, gracias a su trabajo como iluminadora del Beato de Gerona, en el que la artista firma su obra: ENDE PINTRIX.

Obviamente no había obra suya en la exposición, incluir su nombre en la invitación del proyecto y en el texto curatorial fue un homenaje a tantas y tantas mujeres artistas que no hemos conocido, que han sido borradas de la Historia del Arte, que no interesaban al ser mujeres. Para representarlas elegí a la primera artista española reconocida, pero realmente es un reconocimiento a todas ellas. Gracias por todo lo que habéis hecho para que nosotras ahora podamos estar luchando por nuestro sueño.

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