Entrevista a Moris

by • 26 noviembre, 2019 • Artist Interviews, EntrevistasComments (0)360

Durante su exposición Allá afuera hay una bala para todos, en la Galería Nieves Fernández, tuve el placer de conocer personalmente al artista Israel Moris y tras escucharle hablar junto a su obra, tuve claro que quería saber más. La entrevista estaba clara. Gracias Moris por tu tiempo y responder a todas estas preguntas.

A modo de recuerdo: Moris ha participado en las Bienales de São Paulo y de La Habana, y en exposiciones colectivas en la Fundación JUMEX en Ciudad de México, en la Fundación Fontanal Cisneros en Miami, ARTIUM en Vitoria, MUSAC en León y en el Museum of Contemporary Art de San Diego. Ha realizado exposiciones individuales en el Museum of Contemporary Art de Los Ángeles, en el Museo Carrillo Gil y en la Sala Siqueiros, ambos en Ciudad de México, y en la Stadtgalerie Saarbrücken, entre otros.

Su obra forma está presente en las colecciones del MoMA de Nueva York, el Pérez Art Museum de Miami, la Fundación JUMEX, Fundación CIFO, ARTIUM, MOCA de Los Ángeles, el Museo Amparo en Puebla, el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México, Museum of Contemporary Art San Diego o la Colección Isabel y Agustín Coppel en Ciudad de México.

PAC – ¿Cuándo o cómo fueron tus primeros contactos con el Arte?

Moris – Mi primer acercamiento con el arte fue un poco tardío, a los 11 años. Antes de esa edad no tenía ninguna habilidad artística ni me interesaba, mi hermana hacía los dibujos que me pedían en la escuela. Por esas fechas un hermano de mi mamá vino de visita después de muchos años, en todo ese tiempo de ausencia cursó la carrera de Artes Plásticas en Estados Unidos. Con él trajo algunas de sus pinturas y en el breve tiempo que duró su visita lo pude ver en acción despertando en mí una gran necesidad de hacer lo mismo. Poco después tuve mi primer empleo en una fábrica que decoraba muebles a mano, este oficio me permitió conocer cosas muy básicas de la pintura

como mezclar colores, utilizar pinceles, hacer pátinas, etc. Mi único acercamiento al arte en ese entonces era a través de libros viejos que mi familia tenía y que contenían lo más básico, popular o conocido del arte. Supe quién era Diego Rivera, me fascinó Picasso y comencé copiándolos. Las dos primeras pinturas que pude vender, esto con 17 años de edad, fueron dos reproducciones al óleo de la famosa pintura de Rivera “Mujer vendedora de alcatraces”.

PAC – La calle, las culturas marginales, ese límite entre el bien y el mal, son los temas que dan vida a tus obras; ¿Por qué esos temas?

Moris – Desde el inicio de la carrera de Artes Plásticas comencé a ser más consciente de lo que implica el recorrido en la ciudad, a mí me tomaba 3 horas diarias (hora y media de ida y hora y media de regreso) de camino para llegar a la escuela, esta desventaja cada vez más común en la Ciudad de México me permitió utilizarla como cómplice en mi trabajo. El transporte público se convirtió en una extensión del salón de clases y de mi estudio de trabajo, el metro lo utilizaba para leer, y el camión para tomar apuntes. De esta manera empecé a tomar conciencia de mi punto de partida (casa), mi punto de llegada (la escuela) y todo lo que entre estos dos puntos sucedía. La enseñanza ya no se daba únicamente en el aula, esta también la absorbía de mi andar por la calle. Lamentablemente los eventos más frecuentes se relacionaban con actos ilícitos y de pronto descubrí que yo tenía una ventaja con respecto a gran parte de la gente que se trasladaba de distintos puntos de la ciudad y que en algún momento coincidía conmigo; yo, al venir de un barrio popular y de una zona marginal, desde niño aprendí a lidiar con el peligro, le tenía respeto pero no miedo, sabía adelantarme al peligro y en algunos casos salir victorioso. Esto me llevó a hablar de lo que más conocía, de la calle, del bien y del mal que transitaba en ella. Poco a poco empecé a relacionar todo mi trabajo con mi propio entorno, no para hablar de mi persona, sino para hablar de miles y miles que comparten los mismos riesgos que yo. En los 5 años que duró mi carrera coseché ciertos logros que me permitieron abandonar mi lugar de origen y cambiarlo por uno con mayores beneficios y tranquilidad, pero tomé la decisión de no hacerlo, si voy a hablar de la delincuencia y la supervivencia del ser humano en un entorno marginal y tercermundista debo vivirlo, ser parte de él y así, poder ser un buen interlocutor, un testigo con conocimiento de causa, entrar al infierno y regresar con una prueba.

PAC – Vives y trabajas en Ciudad de México. Estás en contacto con todo tipo de personas, que se buscan la vida como pueden; también con gente del mundo de la droga… ¿Cómo consigues acercarte a ellos para conseguir lo que necesitas?

Moris – Con el transcurso de los años aprendí que en los barrios es muy fácil detectar a algún foráneo, como al nuevo. Éste no tiene el camuflaje que te dan las circunstancias del entorno, saludar a tu vecino vendedor de drogas te da muchas ventajas, la principal es esa cierta confianza que al delincuente tranquiliza, aunque también conlleva cierto riesgo, un simple saludo puede convertirte en cómplice. En la mayoría de los casos me acerco o triangulo a través de otras personas, utilizo cómplices que permiten una cercanía que no levanta sospechas, aprendo como actúa el depredador

para atrapar a su presa y cómo la presa escapa de su depredador. En el caso de los delincuentes trato de que mi relación con ellos sea mínima, no revelo ni pregunto identidades pero sí observo sus dinámicas de trabajo y recolecto como si fuera un documentalista sus residuos, las evidencias de sus oficios, jamás utilizo la fotografía, todo es evidencia material y de experiencias que al transformarlo en obras pretendo tenga más cualidades de registro que la misma fotografía (imagen, color, tiempo transcurrido, olor, miedo, etc.) Con esto mi finalidad no es denunciar ya que es un acto suicida, pero sí evidenciar, mostrar lo cruel de la situación.

PAC – Utilizas materiales encontrados, cuchillos… ¿Cómo los recopilas?

Moris – Utilizo básicamente 2 estrategias:

La primera “recolección” (objetual y de experiencias), ésta depende fundamentalmente de la observación, aquí no interactúo con las personas observadas pero sí me nutro de su labor, los observo trabajar, aprendo sus rutinas, hago apuntes, decido qué me interesa de su labor y diseño la estrategia de recolección. Casi siempre cuando recolecto lo hago al final de su jornada laboral, esto me permite obtener todos sus residuos sin la necesidad de interactuar con ellos. La segunda “interacción”, esta etapa depende de mi relación o interacción con los sujetos o situaciones de estudio. Un ejemplo sería el intercambio que hago con los “limpiaparabrisas” (este es un trabajo inventado por jóvenes de escasos recursos y que consiste en ubicarse en los semáforos de avenidas principales y una vez que se activa la luz roja cuentan con el tiempo que les proporciona ésta para limpiar el parabrisas del coche más cercano) con ellos es interesante la manera en que ensucian su ropa, ésta es parte de su herramienta de trabajo pues, cada vez que se limpia un parabrisas, la goma que sirve como jalador y el jabón sobrante del acto de limpiar, se restriega sobre la playera o el pantalón, quitando así el exceso de mugre del parabrisas y transfiriéndola a su ropa de trabajo. De esta manera playera y pantalón se convierten en una evidencia del trabajo diario, la mugre sobre la ropa sirve como una manera de medir que tan productivo fuiste en tu jornada laboral. Estos objetos se convierten en evidencias del autoempleo, una manera cada vez más socorrida de sobrevivir. En este caso me interesaba recolectar esos objetos, mi estrategia es similar a la que un futbolista emplea al final de un partido para obtener la camiseta del rival que admira, yo me acerco con el “limpiaparabrisas” con la playera más sucia, evidencia de su arduo trabajo y le propongo intercambiarla por la que yo llevo puesta, valorando así su esfuerzo diario y recompensándolo con la mía, que para él tiene más valor que la que lleva puesta. De esta manera empiezo a forjar cierta confianza entre la comunidad de “limpiaparabrisas” en donde soy conocido como el tipo que les intercambia la playera.

PAC. En esa búsqueda de objetos, en esa “labor de documentación”, ¿te has visto o sentido alguna vez en peligro?

Moris. Trato de ser lo más cuidadoso posible, pero cada vez es más peligroso. Lamentablemente el tema de inseguridad ha ido escalando cifras alarmantes en México, ahora el simple hecho de vivir genera riesgo y más en los entornos marginales. Curiosamente he corrido más peligro en mi vida cotidiana, lejos de mi quehacer artístico.

PAC. ¿Tiene tu obra algo de “denuncia social”?

Moris. Trato de que mi trabajo no se convierta en una denuncia, prefiero verlo como una manera de evidenciar. Esta decisión la he tomado porque la denuncia social se acerca demasiado a la labor periodística y tristemente en México el periodismo es una de las profesiones más peligrosas, el número de periodistas muertos relacionados con ésta es altísimo, incluso más alto que en países en guerra. Es por ello que tomé la decisión de no denunciar pero sí evidenciar, hacer notar, disfrazando así la denuncia social.

PAC. La exposición que podemos ver en Nieves Fernández tiene un diseño expositivo que resulta tan interesante como el título de la muestra “Allá afuera hay una bala para todos”. ¿Por qué esa disposición de las obras?

Moris. En el caso de esta exposición “Allá afuera hay una bala para todos” surge de la idea de las micro-migraciones que hacen a diario la gente para ir y venir de su casa al trabajo. A pesar de saber los riegos que esto implica, de saber que hay una bala para todos, la necesidad de traer el pan a la mesa es más fuerte que el miedo y los peligros de la calle. Bajo esta idea de incertidumbre edifiqué muros con las mismas obras, éstas además de cumplir su función estética y de contemplación, se convierten en material de construcción, trazando un camino con múltiples bifurcaciones, forzando al espectador a transitar la galería, ser parte de la exposición, la obra se convierte en un obstáculo, una amenaza al doblar la esquina. Una vez que llegas al final de la exposición tendrás que regresar a la salida, descubriendo que en el camino de retorno lo que observas es igual de agresivo y deprimente.

PAC. ¿Qué artistas influyen o han influido en tu trabajo? Vemos en la exposición una obra que recuerda a las cárceles de Piranessi

Moris. Hay muchos artistas clásicos y contemporáneos que son una influencia para mí pero constantemente utilizo el azar como estrategia para incluir referencias en mi trabajo. En el caso de Piranessi, lo incluyo en mi trabajo gracias a unos cromos encontrados en la basura, esto coincide con algunas investigaciones de barrios marginales donde sus habitantes se refieren a ellos como cárceles, a manera de coincidencia tanto el cromo como el barrio se conectan dándome pistas para mi proyecto y generando una nueva influencia artística.

PAC. ¿Cuál será tu próximo proyecto? ¿Puedes darnos alguna pista?

Moris. Este cierre de año no hay proyectos en puerta, el inicio de cada año siempre es importante para mí, comienza con Zona MACO y Material Art fair, las ferias de Arte en México, y ARCO Madrid, de lo sucedido en estas 2 ferias depende el número de proyectos a realizarse en el 2020 ya que es ahí donde empieza el escaparate para mí como artista.

PAC. Te mueves entre México, Europa, EEUU, ¿cómo ves la situación del arte contemporáneo actual?

Moris. Creo que cada vez está siendo más difícil competir, pareciera que ahora una obra es importante sólo si tiene un grado alto de espectacularidad y un súper presupuesto que la respalda, el arte visceral y crudo, ese que incomoda y no es para nada espectacular está encontrando menos espacios para mostrarse y lamentablemente escogí esta rama, la de la visceralidad y la manufactura. Otra cosa triste es que en mi país no he encontrado las oportunidades que me han dado Europa o EEUU, en los últimos 6 años ningún museo de México se ha interesado por mi trabajo mientras que en Europa o EEUU museos importantes han adquirido piezas importantes, creo que en mi país ven a mi obra como un espejo y les incomoda reflejarse.

Muchísimas gracias, Moris.

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