Entrevista a Carlos Balsalobre

by • 15 octubre, 2014 • Artist Interviews, EntrevistasComments (4)4160

Carlos Balsalobre (Alicante, 1970). Autodidacta. Sensibilidad en su ADN: hijo de la artista plástica Dolores Balsalobre y hermano del coreógrafo y exbailarín, afincado en París, David Rodrigo. Miembro de la Fédération Internationale de l’Art Photographique [FIAP], de la Confederación Española de Fotografía [CEF], del club fotográfico Foto Cine La Vila y del equipo de Light Art Projects. Director artístico y docente del recién nacido (cumple un año) centro de arte y escuela de fotografía L’Espai, territorio necesario en Alicante para la promoción y divulgación del arte fotográfico.

CARLOS BALSALOBRE

Más de veinte premios internacionales, destacando entre los últimos: las Insignias FIAP al Mejor Autor del Salón (2012) en el 88 Salón Internacional de Otoño de Zaragoza y el 40 Trofeo Gipuzkoa Internacional.

Desde que en 1999 realizara su primera exposición individual en Madrid, hasta el próximo octubre que expondrá su serie «Wallscapes», en la Sala Municipal “Lonja de Pescado”, ha participado en más de cien exposiciones colectivas por todo el mundo. Es un buen momento de reflexión, de eclosión tras estos quince años de trayectoria, continuada, silenciosa, apasionada.

PAC.- ¿Fotógrafo, artista? ¿Con qué definición te sientes más identificado?

C.B. – Soy, y me siento, fotógrafo y autor, con un proyecto por delante en el que estoy hace más de veinte años. Fotógrafo porque la fotografía es mi medio y autor porque tengo conciencia de estar constantemente imbuido en un proceso creativo alimentado por influencias de todo tipo, y destilado desde mi mirada. La palabra artista siempre me ha parecido ajena tratándose de mí. No me siento incómodo si son otros quienes la utilizan.

PAC.- ¿No es a veces la técnica, y su perfeccionismo una lacra para el propio colectivo fotógrafico?

C.B.- Una lacra si la técnica no te deja ver más allá. La técnica forma parte indisociable del medio, como la propia cámara. Es el pilar que ha de sustentar la narración, que ha de ofrecer coherencia visual y compositiva, pero nunca puede ser la finalidad.

PAC.- ¿No crees que es necesario desterrar esta eterna dicotomía y mejor hablar de creación, de discurso?

C.B.- El discurso ha de ser un reflejo de la mirada de un autor y esta, es tan exclusiva de cada uno como sus huellas dactilares. O fotografiamos con la mirada de otro, o con la nuestra. La dificultad estriba en conocer como es la mirada propia. Es tan particular como lo es el contexto de cada autor. En ello se basa la historia del arte.

El discurso ha de basarse en otros dos conceptos: libertad y coherencia. Libertad que debe ir acompañada por la coherencia, con la obra, con uno mismo como autor y con la propia trayectoria de uno. Libertad para elegir proyecto, formato, intención, expresión…

PAC.- Tú cohabitas con ambas facetas: la del artesano o fotógrafo minucioso y la del artista. ¿Cómo te sientes más a gusto?

C.B.- La técnica del artesano se sobreentiende en el autor, que la hace suya, la distorsiona, la altera a conveniencia y la utiliza para narrar su historia. El artesano hace bien todas sus fotografías, porque tiene la técnica medida para hacerla. El autor tiene que ir más allá, habiendo llegado al mejor nivel técnico tendrá que inventar cuando se enfrente a nuevos proyectos que requieran más de lo que ya controla.

PAC.- Viajar, no condicionar la mirada, abrirte a otros ámbitos diferentes ¿ha sido tu mejor escuela?

C.B.- Viajar aporta perspectiva, evita localismos. Me ha ayudado a prescindir de lo anecdótico, permitiéndome comprender que puedo realizar la misma fotografía aquí que allí. La mayor parte de mis trabajos han sido realizados en diferentes lugares del mundo. Varía el sujeto, pero la mirada es la que determina lo que estás contando. Preparando la «Guía para el fotógrafo viajero», me dejé llevar por la significación del viaje y lo que para mi había representado, el abandono de la idea folclórica y del valor del exotismo y el comprender que uno fotografía siempre lo que en cualquier lugar del mundo, porque es el mundo que habitamos y no una postal turística.

PAC.- El muro, el paisaje, han sido dos constantes en tus series, en tu trayectoria. Aúnas ambas en «Wallscapes» ¿Qué nos ofrece esta muestra?

C.B.Es el resultado de un latente proceso de evolución artística, basado en una forma personal de interpretar y mostrar la realidad, que se presenta intuitiva en las primeras series de los años 90, que cultivo posteriormente durante su gestación en la última década, y que finalmente se ha materializado eclosionando en los últimos dos años.

Enmarcada en el ámbito de la fotografía contemporánea, «Wallscapes» toma como punto de partida la reflexión actual sobre la ambivalencia artístico-documental del medio fotográfico y se propone abiertamente la búsqueda de la abstracción. Esta resulta de identificar sujetos susceptibles de cambiar su naturaleza mediante su descontextualización, abandonando su literalidad documental, para convertirse en materia artística.

PAC.- ¿De mayor quisieras ser como…? ¿Quién ha sido tu maestro o maestros?

C.B.Mi madre ha sido determinante. Su experimentación, libertad, determinación, coherencia. Me conformaría con heredar su sencillez y naturalidad.

Tengo una inclinación por el aprendizaje continuo. Mis maestros han sido muchos. Por su calidad humana, su enorme bagaje cultural y su capacidad de análisis-síntesis, Luis Rivera ha sido una gran influencia durante los últimos años. Al amparo de una relación simbiótica extremadamente enriquecedora, nos hemos acompañado mutuamente en nuestros respectivos procesos creativos, en una conversación continua y profunda en la que hemos abordado y discutido sobre las interioridades de la fotografía y el arte.

PAC.- Provienes de la generación, que me parece fantástica, de autodidactas, de la experimentación en la fotografía, de los clubes fotográficos, del compañerismo, del compartir conocimiento, ¿qué crees tú que aporta la formación reglada en esta disciplina?

C.B.La democratización tecnológica ha traído muy buenas cosas pero también una relación entre la industria y el usuario excesivamente controlada por la primera. Las agrupaciones fotográficas tienen de positivo una centralización de intereses en torno a la fotografía con multitud de actividades que la promueven. Sin embargo, lo más habitual es que este interés, potenciado por la industria, se circunscriba a lo meramente técnico. Son perfectas para la iniciación pero al final, el fotógrafo ha de fotografiar sólo y ahí es donde entiendo que falta mucha formación. Que esta sea reglada o no, carece de importancia. Lo importante es que se estudie con amplitud, abordando el conocimiento en todas sus facetas e interdisciplinariedad.

PAC.- Ese proyecto que está en stand by, a la espera…

C.B.- Muchos proyectos, estando en stand by, dejaron de interesarme. Sin embargo, «Requiem» me acompaña desde el principio y se ha convertido en un proyecto de vida sobre la muerte. Muestro, desde un punto de vista antropológico, la multiculturalidad de nuestro recuerdo a los muertos, y fotografío la iconografía funeraria, principalmente cementerios, de todos los lugares a los que viajo.

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