La importancia de los black-books en el desarrollo del graffiti

by • 11 octubre, 2022 • Arte Urbano, Conferencia, MálagaComments (0)891

«Desde sus inicios a mediados de los años sesenta y hasta el final de los años ochenta (la época dorada de los vagones del metro de Nueva York), el graffiti (writing) experimentó una evolución artística muy acelerada en tan solo unos pocos años y fue en parte gracias a una de las herramientas más privadas de los writers y menos conocidas por el gran público: los black-books, los cuadernos de dibujo donde los escritores de graffiti preparan sus bocetos previos.»

Writers Bench – Grand Concourse, 80’s. Pic by Craig Castleman – Getting Up book – Cortesía de Craig Castleman & Indague

Los black-books, también llamados en el argot del graffiti biblias por su gran parecido con estas, son unos blocks de dibujo con tapas de cartón duro, generalmente de color negro, que se pueden encontrar en cualquier tienda de bellas artes, suelen ser de papel grueso para soportar la humedad de las acuarelas o el acrílico diluido, cualidad esta, perfecta para el uso de los rotuladores con base de alcohol que utilizan los writers en la elaboración de sus bocetos.

En esa etapa primigenia de la escritura del graffiti, fueron los tags, las firmas primigenias o arcaicas las que empezaron a ocupar el espacio urbano. Eran realizadas a un solo color, sin adornos y bastante homogéneas unas de otras. En parte, debido a que los escritores eran discretos cuando estampaban sus firmas y las realizaban muy rápido para exponerse lo mínimo a curiosos, posibles delatores o a policías. Cuando un espacio empezaba a llenarse de firmas se decía que estaba bombardeado. Por lo que a hacer tags, se le llamó en argot bombardear.

Sak One – Benchin. Cortesía de Sak One

Es en este momento cuando surge un elemento que será clave en el desarrollo de los estilos que sucedieron a las firmas: el black-book, y que irá siempre en paralelo al graffiti, la piedra angular de la evolución de las firmas al graffiti de grandes dimensiones que convergió en el arte urbano y posteriormente al actual street art. Ha sido el soporte que ha sostenido todo el movimiento urbano.

El black-book hizo su aparición de la mano de los pioneros que lo portaban en su ir y venir por el metro, con la intención de que en caso de tener un encuentro con otro escritor poder intercambiar autógrafos. Un libro con muchas firmas célebres otorgaba cierto prestigio al propietario.

Daze, 70s – Dea2 black-book – Cortesía de Craig Castleman

El pionero de Filadelfia convertido en leyenda Cornbread, es a quién se le considera el primero en escribir un nombre de graffiti sin estar relacionado con las bandas. Una de las historias que le hicieron célebre fue cuando un periódico local publicó en 1971 que había muerto al confundirlo con Cornelius Hosey, un miembro de una pandilla fallecido en un tiroteo, para demostrar que seguía vivo entró en el zoo de la ciudad y firmó sobre un elefante, por lo que sería detenido y llevado a prisión. También logró gran popularidad al escribir sobre el avión privado de los Jackson’s Five.

Aunque parece que fue antes en Filadelfia donde empezó la escena del graffiti, lo cierto es que fue en Nueva York donde hubo un desarrollo exponencial del movimiento.

Rox, Pit163, Rox – Outlines. Pic by Keith Baugh – New York Subway Art 1973 – 1975 book – Cortesía de Keith Baugh

A raíz de otro artículo publicado en 1971 en el New York Times: ‘Taki 183 provoca la explosión del rotulador’, sobre la figura del pionero neoyorkino Taki 183, la competición se consolidó firmemente con escritores como: Joe 182, Baby Face 86, Junior 161, Cay 161, Frank 207, Eva 62, Bárbara 62, Snake I, o COCO 144, entre otros muchos.

Las firmas dieron paso a creaciones más elaboradas gracias al black-book, el cual mutó de función y pasó a utilizarse para pulir el estilo o preparar los bocetos para su posterior ejecución en los vagones. Hacia finales del 71 y principios del 72, los escritores comenzaron a escribir en el exterior de los vagones del metro. Al comienzo fueron los interiores de los vagones y los muros de los barrios los campos de batalla de los escritores, pero también en los patios de las escuelas secundarias donde se reunían para fumar marihuana, escribir tags o jugar a básquet. Como me confesó en una ocasión Enrique Torres aka Part One / TDS Crew: “los niños competían firmando de camino al colegio, así empezó el juego”.

Peso, 1973. Pic by Keith Baugh, 1973 – New York Subway Art 1973 – 1975 book – Cortesía de Keith Baugh

La dedicación con la que los escritores dibujaban en sus black-books, originó toda una suerte de innovaciones y la escena fue subiendo de nivel creativo, que, si bien en años anteriores se trataba de llegar más alto, escribir más veces el nombre o estar en los sitios más inaccesibles, ahora se había concentrado el interés en el metro y el estilo era lo que determinaba qué escritor o grupo era mejor, o estaba más avanzado.

A medida que la competición iba en aumento, las obras mejoraron en calidad técnica, en diseños cada vez más complejos y elaborados; adaptando sus trabajos a mayor escala, hasta llegar a los trenes enteros y a los gusanos, donde dos trenes formaban un solo dibujo, también llamados por los writers: un matrimonio.

A mediados de la década de los 70, el graffiti había evolucionado extraordinariamente rápido, de ser unas simples firmas, a vagones enteros que cubrían todo el lateral del vagón. Por lo que muchos de los más talentosos escritores se habían especializado en esta modalidad de pintura de dimensión mural.

Blade. Pic by Keith Baugh, 1975 – New York Subway Art 1973 – 1975 book – Cortesía de Keith Baugh

Blade, es uno de los reyes que en la década de los setenta se hizo célebre por su constante permanencia y su variedad de estilos. De 1972 a 1984, logró una gran cantidad de piezas y whole-cars, pintando más de 5.000 trenes, lo que le valió el título de Rey del graffiti, convirtiéndose en un icono de Nueva York. Pintó el último tren en 1984 con Seen, otro de los grandes reyes indiscutibles de Nueva York, al que se le otorga el gran honor mundial de ostentar el título de Rey de reyes.

A modo de complemento ocurrente se incorporan en los diseños algunos dibujos como Felix el gato o el clásico Mickey Mouse, populares de la televisión y de los cómics. Con el tiempo estos personajes adquirieron mayor importancia y los escritores empezaron a dibujar sus propias creaciones.

Mark Bodē, 70s – Cortesía de Mark Bodē

Uno de los dibujantes de cómics favoritos de los escritores fue Vaughn Bodē, un dibujante de cómics underground norteamericano coetáneo de Robert Crump. Los escritores conocían sus cómics y empezaron a adaptar muchas de sus creaciones, las cuales aparecieron con frecuencia en los vagones. Grandes artistas como Dondi, Seen, Tracy 168, Pink, Futura o Kel, plasmarán los dibujos de Bodē, convirtiendo sus trabajos en personajes clásicos del graffiti, los cuales quedarían vinculados con el writing para siempre. Mark Bodē, su hijo, artista urbano y dibujante, ha estado en estrecha relación con el mundo del graffiti desde prácticamente sus inicios.

El graffiti se había impulsado con un sorprendente desarrollo, gracias a la febril competición de los escritores por conseguir superar a los demás en las diferentes modalidades y especializaciones. Forzados a conseguir nuevos trucos, nuevos estilos e innovaciones, dibujaban duro para ser los mejores y conseguir el deseado estatus de rey. Una de las claves para entender este desarrollo era que los black-books estaban echando humo en casa de los escritores.

Nic One black-book, 2013 – Cortesía de Nic One

A la frenética actividad de los escritores le siguió muy cerca la inestimable labor de fotógrafos y aventureros gráficos que captaron el desarrollo del graffiti fotografiando y difundiendo. Entre ellos Keith Baugh, fotógrafo nacido en Londres que pasó una temporada en Nueva York cuando los trenes empezaban a llenarse de piezas; consiguiendo fotografiar una gran cantidad de obras tempranas de incalculable valor histórico que logró sintetizar en su libro New York Subway Art 1973-1975. Y el neoyorkino Craig Castleman, uno de los impulsores que más expandieron el writing y el concepto del black-book por el mundo con su libro Getting Up. Un volumen que había cruzado el océano de manera sigilosa, y en mi opinión es el libro que todo buen lector de libros de graffiti debería leer, al menos una vez. Es uno de esos libros iniciáticos de gran poder, que podría llevarte a escribir, aunque nunca hayas escrito.

Urban Weekend en Málaga

Del 30 de septiembre al 1 de octubre, tuvieron lugar las ‘Jornadas Urbanas’, organizadas por Carlos Ferrer y Sebastián Arteaga. El Festival ‘Urban Weekend’ tuvo lugar entre el Centre Pompidou de Málaga y el Museo Ruso consiguiendo reunir diferentes disciplinas del Hip-Hop en diversas actividades, desde charlas y conferencias, bboying, talleres y concierto de rap.

En mi caso, impartí la conferencia titulada: “La importancia de los black-books en el desarrollo del graffiti”, y fue impartida el sábado día 1 de octubre. La conferencia trató de manera histórica y retrospectiva este tema tan poco usual, que a menudo pasa inadvertido.

Para la ocasión, invité a participar a pioneros de los años 60 y 70 protagonistas del graffiti de Nueva York y Filadelfia, pero también a escritores de: Berlín, Roma, Valencia, Madrid o Barcelona, resultado de esta expansión hacía Europa, los cuales contribuyeron con bocetos e imágenes que fueron pasando por la pantalla audiovisual del Museo Ruso de Málaga.

Gracias a: Cornbread, Coco144, Snake I, Crash, Zephyr, Part One, Sak One, Alan Ket, Nic One, Duel, Cope2, Mark Bodé, Bates, Dejoe, Nynas, Boys76, Dune, Blize, Flash, Craig Castleman (autor del libro Getting Up) y Keith Baugh (autor del libro New York Subway Art 1973-1975).

Sobre el autor. Germán Bel / Fasim

Germán Bel, alias Fasim, nació en Barcelona en 1972, es un artista urbano pionero en España, activo desde los años 80. Henry Chalfant jugó un papel importante en la carrera de Fasim y será una pieza clave en su posterior desarrollo artístico. En 1989 conoce a Futura 2000 en una exposición que tiene lugar en la galería Arcs&Cracs de Barcelona, donde aprendió las creaciones artísticas sobre lienzo y su inicio en el arte urbano, hoy renombrado street art, en Europa.

En 1992, el artista viajó a París al estudio de Jonone y los BadBC en el Hôpital éphémère donde residió durante unos días y contempló el proceso de creación en lienzo y la aparición del arte urbano en galerías de arte.

Ingresa en el mítico crew 156allstarz.

Las pinturas de Fasim nos llevan a un mundo onírico donde el juego con las pareidolias parece dominar la superficie de las obras, desde niño mantiene este juego visual y poético de la mirada, con las formas de cualquier superficie, ya sea en el estampado de unas baldosas o en las manchas de humedad, borrados o desconchados de cualquier muro urbano. En gran medida este juego es el primer inspirador de los artistas paleolíticos en las cuevas, donde las imágenes aparecían en los relieves de las rocas y es la cuna de la pintura.

Darryl MacCray aka CORNBREAD y Germán Bel aka Fasim. Barcelona 2021

Fasim ha pintado en numerosos muros, exhibiciones y exposiciones de muchas ciudades del mundo; Barcelona, Valencia, Bilbao, Málaga, Madrid, Toulouse, Perpiñán, Marsella, París, Nueva York, Berlín, Copenhague, Ámsterdam, Milán, Nápoles o Sarajevo entre otras.

El Museo de las civilizaciones de Europa y del Mediterráneo (MuCEM) adquirió tres pinturas y seis dibujos recientemente, que englobarán en la colección de arte urbano del Museo de Arte Contemporáneo de Marsella (MAC).

Ocasionalmente realiza conferencias y charlas sobre arte urbano; en el Ivam Cada Alcoi y en Canal Gallery, además de numerosos artículos publicados en revistas especializadas.

“(…) La policía y los funcionarios de la ciudad de Nueva York afirmaron en los años setenta que el graffiti era un delito de iniciación que conducía a una carrera criminal. Cuán equivocados han demostrado estar. He observado que un aprendizaje en el graffiti ha llevado a más de unos pocos adolescentes ‘taggers’ y ‘bombers’ a encontrar carreras brillantes como pintores, diseñadores, editores y cineastas. No encuentro mejor ejemplo de este fenómeno que Fasim».

Henry Chalfant

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