La vuelta al playground : Homo Ludens

by • 8 septiembre, 2016 • Exposiciones, Galicia, Instalación, site specificComments (0)3289

Hay una delgada línea que atraviesa el Derecho a la pereza (1880) de Paul Lafarge, el Homo Ludens (1938) de Johan Huizinga, las derivas de Guy Debord, la Zona Temporalmente Autónoma de Hakim Bey y La utilidad de lo inútil (2013) de Nuccio Ordine: todas ellas dictan la necesidad de abrir espacio-tiempos que rompan con el ritmo y la estructura a los que nos vemos sometidos en nuestro día a día. El capitalismo nos obliga a mantener un ritmo frenético bajo una lógica de la rentabilidad constante. La imposición de ser productivos en términos económicos no deja espacios para el descanso, el esparcimiento o el ocio salvo en los “sanos momentos de control” que nos ofrece el sistema mismo: si la función del Carnaval frente a la Cuaresma era clara, hoy las vacaciones en Punta Cana o en Marina d’Or facilitan una excelente válvula de escape.

HomoLudens

 

El juego fue retirado de nuestras vidas al grito de “deja eso que es de críos” o “madura ya” cuando no del terrible “sé un hombre”. Esos momentos de total creatividad fueron sustituidos en nuestras vidas por el impositivo racional hasta llegar a los cuellos blancos. Así, los adultos han sido desterrados de los playgrounds y “perder el tiempo” se ha convertido en el peor pecado.

En su oda a la pereza (1993), Mladen Stilinovic achacaba la muerte del arte al éxito del sistema económico occidental: la falta de práctica de la pereza ha impedido a los artistas desarrollar su arte. La futilidad, la estupidez, la indiferencia y la inactividad, así como el quedarse mirando a la nada son para él elementos fundamentales en el arte. Es en esa ruptura con la productividad cuando se realiza el acto creativo. “No hay arte sin pereza” nos enseñó Stilinovic, que retomaba la idea de Marx de que el trabajo es una enfermedad.

HomoLudens

Esa misma ruptura con la linealidad racional es la que se necesita en el juego, que a su vez precisa de un espacio-tiempo propio, tal y como el que se da en una discoteca que contiene, de alguna manera, a la masa de cuerpos. Crear esos territorios, imponerles la temporalidad y dispersarlos haciendo que habiten también la institución cultural es la acción reivindicativa que han iniciado y propuesto Miguel Ángel Benjumea y Román Corbato en las Torres Hejduk. La generación de una situación de juego es una acción disruptiva que rompe con la lógica estática del sistema del arte contemporáneo, así como con el imperio de lo razonable y abre un nuevo espacio para la socialización, como aprendimos en Playgrounds (2014, MNCARS). Si bien existe el riesgo de banalizar su Homo Ludens y darle con él de comer a la cultura del espectáculo amparada por los muros de una impresionante institución-contenedor, es muy interesante la apertura de esta posibilidad que tanto nos recuerda al Sacrilege (2012) de Jeremy Deller. Divertirse en un espacio y dejar pasar el tiempo son todo uno en esta pieza inútil que nos hace volver a un playground en el que podemos volver a ser libres, siempre y cuando no quede éste recluido en una torre como una pobre Rapunzel. Que comience la rave, habitemos el espacio público.

Autores

 

Artistas: Miguel Benjumea y Román Corbato
Fechas: Del 1 de septiembre al 27 de noviembre de 2016
Lugar: Cidade da Cultura de Galicia, Santiago de Compostela

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