Woman Art House: Eva Hesse

by • 22 marzo, 2019 • Woman Art HouseComments (0)503

“Art doesn’t last, Life doesn’t last, it doesn’t matter” (El arte no dura, la vida no dura, no importa). Esta frase de la propia artista Eva Hesse (1936-1970) no puede ser más esclarecedora sobre la vida y trayectoria artística de una creadora que transformó de manera radical la escultura del siglo XX.

La infancia de Eva Hesse está marcada por el exilio y el desarraigo familiar. De familia judia, huyó de la Alemania Nazi, vivió en una casa para niños refugiados, y se enfrentó a la inestabilidad emocional de su madre, que se suicida tras divorciarse del padre de Eva.

Tras graduarse en la Cooper Union y en la Escuela de Arte y Arquitectura de Yale. Hesse comienza su trayectoria artística como pintora, reflejando en sus obras todas sus inseguridades emocionales. Los primeros dibujos y pinturas de Eva Hesse se acercan al Expresionismo, en ellos representa figuras humanas, realizados en una gama de grises y ocres lo que les da un aspecto un tanto sombrío.

Entre 1962 y 1964 incorpora una técnica más fluida usando tinta y acuarelas. Además, es muy interesante el enfoque que Hesse hace de los componentes físicos de las obras. Por ejemplo, desarmaba sus dibujos y los armaba como collages, que modificaba múltiples veces

El momento más importante en la carrera de Eve Hesse ocurre en 1964 cuando se traslada a Alemania, y se instala en una antigua fábrica de textiles. Allí comienza a experimentar con yeso, cuerdas y tejidos en sus piezas. En apenas un año realiza catorce relieves, que se exponen junto a algunas pinturas en la exposición “Eva Hesse: Materialbilder und Zeichnungen” en Dusseldorf (agosto-octubre, 1965), siendo la primera vez que se presenta como escultora.

Los relieves se caracterizan por el biomorfismo, el trabajo manual y los colores estridentes, posiblemente, por influencia de Joseph Albers, profesor de Hesse en Yale. El más conocido es Ringaround Arosie (1965), trabajo que Eva Hesse describió como ‘un pecho y un pene’ en una carta a Sol Lewitt. El relieve está construido con cable eléctrico cubierto de tela sobre una placa de masonita tratada con papel mache. El título hace referencia a una canción de cuna y rinde homenaje a una amiga que acababa de quedarse embarazada. Otro de los relieves más interesantes es An Ear in a Pond (abril, 1965), donde alude, de nuevo, a los órganos sexuales y reproductivos, encontrándonos referencias fálicas, la forma de un útero e incluso un cordón umbilical.

Eva Hesse regresa a EEUU en 1965 como una escultora afianzada, que orienta su producción hacia una nueva corriente escultórica contraria al minimalismo. Hesse trabaja en una propuesta en la que es imprescindible el sentido emocional de la pieza, la obra hecha a mano, lo artesanal y lo visceral. La propia artista explicaba: “Siempre fui consciente de que debería tomar el orden contra el caos, la cuerda contra la masa, lo grande contra lo pequeño”

Una de las principales innovaciones de Eva Hesse fue el uso de materiales que se consideraban poco nobles para la escultura. Así, gracias a la exploración con el látex o la fibra de vidrio consiguió emancipar sus piezas de la pared y expandirse hacia el espacio.

La primera obra en la que vemos este sentimiento emocional extremo es en Hang Up (1966), es una escultura irónica sobre la pintura, que da protagonismo a lo más marginal del medio (el marco y el sistema de anclaje). Otra obra en que vemos cualidades propias del minimalismo es Addendum (1967) en ella, vemos la repetición sistemática  y el orden característicos del Minimal, pero la artista se encarga de introducir un elemento disonante, al añadir cuerdas que caen al suelo enroscándose en un enredo ingobernable.

Un año antes de morir se le diagnosticó un tumor cerebral, Hesse continúo produciendo y exponiendo su obra, en febrero de 1970 se fotografió por última vez para la portada de la revista Artforum donde la encontramos manipulando su obra Untitled (Rope Piece). Esta instalación es una gran maraña de cuerda, látex y cable, que juega con el espacio y está desprendida de todo soporte.

La última obra de Hesse, creada quince días antes de morir, es Seven Poles, una instalación en la que logra introducir la cualidad orgánica a los objetos, subrayando su carnalidad mediante contornos viscosos, amorfos, arrugados y ondulantes. De esta obra comentaba Barry Rosen que eran “Siete formas vulnerables, vacías o con caóticos interiores parecen inusualmente susceptibles de atraer la gravedad o sugerir la decadencia; son siete formas aparentemente rudimentarias que poseen una fuerte carga expresiva y que ejemplifican que para Eva Hesse el arte y la vida eran inseparables.”

A Charles Saatchi se le preguntó que entre todos los artistas muertos prematuramente, cuál pérdida era la más lamentable para él. Saatchi contestó  que Eva Hesse, de no haber muerto tan joven sería una de las más grandes artistas del siglo. Personalmente creo que Eva Hesse consiguió ser una pionera en su campo, abriendo numerosos discursos posteriores y es justo contar con ella entre los grandes artistas del s. XX

Si queréis conocer más sobre la artista os recomiendo la monografía escrita por Lucy R. Lippard en la editorial Alias y el maravilloso documental sobre su vida de American Masters.

 


El próximo domingo conoceremos la trayectoria de Dora Maar, de la mano de Naiara Valdano. Podéis seguir el hilo en Twitter desde la cuenta de la autora o siguiendo el hashtag #womanarthouse. ¡Os esperamos!

Post Relacionado

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *