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Olmedo Quimbita

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“El arte es un viaje largo que se alcanza con disciplina”: Olmedo Quimbita

Conocido como El pintor de la luz, el ecuatoriano Olmedo Quimbita nació en Latacunga. Es un artista de gran fuerza simbólica cuya obra se interpreta como una forma de poesía visual. Con imaginación combina elementos de apariencia antagónica, temas relacionados con la naturaleza, el misticismo, la mujer, el color o el movimiento de los ámbitos andinos.

Desde Quito hasta los vibrantes atardeceres de Caracas, pasando por los matices dorados de Egipto y las galerías de Nueva York, Olmedo Quimbita hizo de la luz una bandera y del color y las formas su lenguaje. Es el menor de cinco hermanos y ha expuesto de manera individual en unos veinte países.

Autorretrato de Olmedo Quimbita

La tradición

“Mi paleta realmente es andina, cuando llegué a Caracas era luz, entonces tuve que aprender a trabajar con tonos caribeños que enriquecieron mi estilo”, dice Quimbita. Una de sus obras: Peregrinaje a la conciencia #2, pintado durante la pandemia, es un retorno a la unidad familiar, gracias a que la pandemia abrió un espacio de reencuentro rompiendo la dinámica del mundo contemporáneo que disgrega los vínculos humanos. Es una obra en la que predomina el azul.

En el arte occidental, el azul como tonalidad evoca sentidos de divinidad, inmortalidad, verdad, sabiduría. Y en asociación con el mar y el cielo sentimientos de tranquilidad y libertad. Peregrinaje a la conciencia #2 tiene un fondo metafísico, el azul que es dominante contrasta con matices lunares; pero el azul impera a través de las aves, los personajes, el mar que parece proyectarse en las alturas.

La metáfora de lo azul –tan simbólica en el movimiento modernista–, en el caso de Quimbita, crea un mundo de connotaciones que enriquecen la obra e invita a la interpretación.

Para Miguel Untiveros, en la tradición pictórica latinoamericana, Luis Montero, Francisco Laso y José Sabogal son pintores que se insertan en un proceso de búsqueda de identidad y quienes representan la figura humana en diversas condiciones y espacios geográficos. Quimbita se alinea en esa tradición cercana a lo terrígeno. Personajes en danzas andinas, en bicicletas, con paraguas, muchas veces acudiendo a rasgos de tonos contrastantes. Labios protuberantes que evocan presencias afrodescendientes.

Y aunque Quimbita no cree en el estilo, el suyo es una concreción de ideas muy bien pensadas que se materializan en una simetría y profundidad de colores que lo convierten en uno de los grandes referentes de la pintura contemporánea en América Latina. Conversamos con él en esta entrevista llena de matices y reflexiones humanas.

Maestro. El traslado de su familia a Quito, ¿marcó definitivamente el rumbo de su carrera artística?

Así es; mi inquietud por el arte comenzó a los siete años. La intensidad de poder crear, de obtener conocimientos, de involucrarme en el mundo del arte, entonces, comenzó desde muy temprano y justamente mis primeros pasos lo hice en Quito. Yo soy de Latacunga, pero en Quito pude ver una amplitud de museos, de galerías de arte y eso fue muy alimentador en los inicios de mi carrera. Ahí es donde yo decido que realmente tenía que dedicarme de tiempo completo a la pintura.

¿Estudió alguna carrera relacionada con el arte?

Correcto, en ese entonces yo empecé a estudiar; mi familia estaba en Quito y me vinculé a la Escuela de Artes en la Universidad Central. Fue parte de mis inicios. La otra parte, bueno, estaba joven y me salió un viaje a Caracas, no tenía pensado quedarme bastante tiempo; era una visita de museos para ampliar conocimientos, pero sucede que mis primeros cuadros los vendo en Caracas y fue tanta la emoción de vender que, entonces, dije no, yo voy a quedarme creando aquí, con eso puedo pagar mis estudios de arte, voy a ingresar a la Escuela de Artes y comprar mis materiales. Y así sucedió. Me quedé en Caracas pintando cerca de unos tres o cuatro años; prácticamente, esa fue mi formación.

¿Recuerda sus relaciones artísticas en Caracas?

Sí, tuve la oportunidad de conocer a grandes maestros; en ese entonces, Caracas era diferente, estamos hablando de los años ochenta, allá se llevaban a cabo exposiciones importantísimas, como, por ejemplo, en el Museo de Arte Moderno se exhibió una colección de Fernando Botero, imagínese la dimensión; había exposición de Jesús Soto, Cruz Díez y yo me involucré con esa cultura y eso para mí fue maravilloso.

Usted también estuvo por Egipto, Israel, España y Colombia. Realicemos un breve recorrido por sus principales exposiciones en el mundo.

Bueno, ya estaba en estudios y talleres y pintaba y seguía investigando y a partir de eso comenzó una serie de exhibiciones. Primero por Sudamérica, exposiciones en Bogotá, y luego por todo el continente. Cuando vine a ver, ya estaba viviendo en Nueva York, en París, en Londres. Fue un viaje no planificado, igual que mis inicios. Poder ver museos como el Museo Louvre, el de Nueva York, los de las grandes metrópolis. Eso para mí fue muy alimentador.

Olmedo Quimbita. Caballos en la luz, 2021

La estética. El estilo. ¿Qué dicen los académicos y expertos? ¿Cómo definen la obra de Olmedo Quimbita?

Yo, a estas alturas, no creo mucho en los estilos; creo en el trabajo cotidiano, en la investigación. En mis primeras etapas hacía arte abstracto y hacía una serie de investigaciones con técnicas de esa propuesta más disuelta, pero me fue gustando más el área figurativa. Esa donde uno puede definir mejor las cosas. Eso captan los entendidos del arte. Obviamente dentro de eso tiene mucho que ver el estudio y el análisis que hace un crítico de arte. Pero ese trabajo le corresponde al crítico, no a mí.

¿Cómo nace un cuadro suyo? ¿De emociones? ¿De imágenes? ¿En dónde está el germen de cada uno de sus actos creadores?

Bueno, primero, no existe el cuadro. Lo que existe es el momento cuando llega ese fluido de creatividad que se da solamente en la mente del artista. Lo que llamo la parte “etérica”.

Pero, ¿cómo materializarlo? Procedo a graficar a través de un boceto a lápiz. No debo dejar pasar ese momento. Lo graficó y, si es posible, inmediatamente ejecuto la obra. O sea, trato de cerrar el capítulo en ese instante porque sé que, de ahí a mañana, vienen otras ideas y así sucesivamente: un cúmulo de ideas. Entonces es importante cerrar cada capítulo. Cada uno de ellos es una obra que debe estar concluida y la firmo y ya está.

Usted es un referente en la pintura latinoamericana contemporánea. ¿Qué consejo puede brindar un maestro consagrado a los jóvenes que inician o se apasionan por el arte de la pintura?

Primero no desesperarse. Con ello me refiero a que nuestra juventud es, a veces, muy acelerada. Lo entiendo porque también fui joven; se quiere conseguir algo rápido y a prisa y eso en el arte no es. Es un viaje hermoso, largo, pero que se consigue con constancia y disciplina. Y la otra cosa, a veces, los jóvenes quieren vender un cuadro y esa no es la idea.

El arte tiene que ser arte por el arte. ¿Qué quiero decir con esto? Que hasta ahora yo no consigo pintar una obra para vender. No; yo lo pinto es para mí, para mi placer y mi disfrute. Por eso es que la obra mía, afortunadamente, tiene éxito porque yo estoy comunicando: no para una venta. El arte es comunicación del mensaje que quiero dar. Ahora que un coleccionista, un amante del arte, se conecte con esa idea y lo compra, bueno, eso es ya otra cosa.

El pintor de la luz es una manera poética de definirlo a usted y su obra. ¿Cuáles son los nuevos proyectos del maestro Quimbita? ¿En qué viene trabajando en este momento?

El pintor de la luz, viene justamente de lo que hablé en los inicios, cuando hice ese cambio de la luz andina a la tropical. Mi paleta de gris es un espléndido destello de luz y sus variables. Pero ahora, por ejemplo, estoy interesado también en otro tipo de luz. Pintar la niñez. ¿Cómo es el niño? Es luz. Es ternura. Es pureza. Entonces hay otro lenguaje más avanzado que viene siendo la luz, pero que, en este caso, ya sería una luz espiritual. En ello trabajo y bajo esa idea preparo mis nuevas exposiciones.


Referencias
Untiveros, M. A. M. (2024). “Estética contemporánea andina” La figura Humana en la Pintura Ayacuchana 2000–2020. EDUCARE ET COMUNICARE Revista de investigación de la Facultad de Humanidades, 12(2), 52-66.

Etiquetas: Last modified: 13 octubre, 2026
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