Santi Flores (Albacete, 1972). Vive y trabaja en Albacete. Técnico aeronáutico especializado en estructuras de aeronaves. Formación en artesanía metálica. Músico. Artista. Docente. Escultura Su práctica artística se articula alrededor de la figura humana, la identidad individual, la colectividad, la pertenencia y las relaciones humanas. Trabaja principalmente con acero inoxidable y desarrolla esculturas, instalaciones y proyectos de arte público en los que la técnica queda subordinada al pensamiento artístico.

PAC – Te proyectas desde Albacete. ¿Te hubiera gustado desarrollar tu trayectoria desde otro lugar?
Santi Flores – Albacete es el lugar desde el que trabajo y al que siempre regreso. No sé si diría que me hubiera gustado desarrollar toda mi trayectoria desde otro sitio, pero sí he sentido muchas veces la necesidad de salir, viajar y contrastar mi obra en contextos diferentes. Exponer en Madrid, Nueva York, Roma, Berlín o Pamplona me ha permitido comprobar cómo cambia la lectura de una misma pieza según el espacio y el público. Para mí, lo ideal no es elegir entre quedarse o marcharse, sino poder crear desde tu lugar y mantener una relación real con el exterior. Albacete me da taller, tiempo, cercanía y una identidad concreta; viajar evita que esa identidad se convierta en aislamiento.
PAC – ¿Crees que tu trayectoria habría sido la misma?
Santi Flores – No. El lugar desde el que uno trabaja condiciona las oportunidades, los contactos, los ritmos y también la manera de mirar. En una gran capital probablemente habría tenido un acceso más directo a determinados circuitos, pero quizá no habría desarrollado la misma relación con el oficio, el taller y los procesos materiales. Mi trayectoria se ha construido con una mezcla de arraigo y desplazamiento: producir desde Albacete y buscar fuera los lugares donde la obra podía crecer. Esa dificultad también me ha obligado a ser más autónomo y a aprender a resolver casi todas las fases de un proyecto.

PAC – ¿Qué te impulsó a dedicarte a la práctica artística?
Santi Flores – No hubo un único momento. Desde muy joven necesité expresarme a través de distintos lenguajes. Durante años la música ocupó una parte fundamental de mi vida y, al mismo tiempo, dibujaba, pintaba y trabajaba con metal. Con el tiempo sentí que la escultura reunía muchas cosas que me interesaban: el pensamiento, el cuerpo, el espacio, la materia y el trabajo físico. No fue tanto una decisión calculada como la constatación de que necesitaba crear para comprender lo que me rodeaba y para relacionarme con los demás.
PAC – ¿Qué ansiabas?
Santi Flores – Ansiaba libertad. La posibilidad de construir una voz propia y de no limitarme a repetir una función aprendida. También buscaba que aquello que hacía tuviera sentido más allá de mí, que una obra pudiera provocar una emoción, una duda o una conversación en otra persona.

PAC – ¿Lo encontraste?
Santi Flores – En parte sí, aunque nunca de una manera definitiva. He encontrado una forma de vida y un lenguaje que reconozco como propios, pero la libertad artística no es un lugar al que se llega para quedarse. Hay que defenderla constantemente frente a la rutina, las expectativas externas, las necesidades económicas e incluso frente a uno mismo. Sigo buscando, y creo que esa búsqueda es precisamente lo que mantiene vivo el trabajo.
PAC – ¿Qué crees que puede mejorarse en el Sistema del arte?
Santi Flores – Debería ser más transparente, más accesible y menos dependiente de los círculos cerrados. Con frecuencia la calidad de una obra no es suficiente: influyen demasiado la procedencia, las relaciones personales, la capacidad económica para sostener una carrera durante años o la cercanía a determinados centros. También falta una relación más equilibrada entre instituciones, galerías, comisarios y artistas. El artista no debería ocupar siempre la posición más vulnerable de la cadena, asumiendo producción, transporte, seguros y tiempo de trabajo sin garantías ni remuneración adecuada. Además, sería importante descentralizar de verdad, no solo en el discurso, y reconocer que la creación contemporánea también se produce fuera de las grandes capitales.

PAC – ¿Qué deberíamos aportar y qué deberíamos eliminar del Sistema del arte?
Santi Flores – Deberíamos aportar profesionalidad, cooperación, pensamiento crítico, educación artística y una mayor conexión con la sociedad. También contratos claros, honorarios dignos y respeto por los procesos de producción. Eliminaría parte de la opacidad, el elitismo, la especulación vacía y esa necesidad de envolver algunas obras en discursos que terminan alejándolas del público. No se trata de simplificar el arte, sino de evitar que la complejidad se utilice como una barrera de acceso o como una forma de legitimación automática.
PAC – ¿Qué opinas del Asociacionismo profesional?
Santi Flores – Me parece necesario, especialmente en una profesión tan individualizada y frágil. Una asociación puede defender derechos, compartir información, establecer buenas prácticas y hacer visible que detrás de una obra existe trabajo, inversión, riesgos y conocimiento profesional. Pero para que sea útil debe ser activa, plural y capaz de representar también a quienes trabajan fuera de los grandes centros. El asociacionismo no debería limitarse a crear otra estructura cerrada, sino servir para abrir posibilidades y fortalecer la posición colectiva de los artistas.

PAC – Háblanos un poco de tu trayectoria: formación, proyectos, exposiciones o momentos que consideres especialmente significativos.
Santi Flores – Mi formación no responde a un recorrido académico artístico convencional. Me formé en calderería, estructuras metálicas y soldadura, y posteriormente trabajé durante más de quince años como técnico aeronáutico especializado en estructuras. También fui docente en escuelas taller y en cursos de homologación de soldadura. Todo ese aprendizaje técnico ha sido decisivo, aunque siempre he intentado que la técnica permanezca al servicio de la idea y no al contrario.
Antes de dedicarme plenamente a las artes plásticas, la música fue durante años mi principal actividad creativa. Esa experiencia influyó mucho en mi manera de entender el ritmo, la presencia escénica y la relación con el público. Poco a poco, la escultura terminó ocupándolo todo. El metal se convirtió en mi material principal porque lo conocía profundamente y porque me interesaba la posibilidad de transformar algo industrial, frío y resistente en cuerpo, gesto y emoción.
Entre los momentos más significativos de mi trayectoria destacaría la instalación de la serie Here en Broadway, Nueva York, en 2022. Fueron catorce esculturas de gran formato expuestas durante seis meses en el espacio público, en colaboración con Garment District Alliance y el Department of Transportation de Nueva York. Ver las obras convivir diariamente con miles de personas confirmó mi interés por sacar la escultura de los espacios especializados y situarla en la vida cotidiana.
También fueron importantes la exposición urbana de Albacete en 2023, con dieciséis esculturas en el centro de la ciudad, y la intervención urbana en el Barrio de las Letras de Madrid en 2024. En estos proyectos pude desarrollar una idea que sigue siendo central en mi trabajo: cada figura mantiene su individualidad, pero al reunirse con otras construye una multitud.
Otro proyecto fundamental es Solitud, presentado en el Museo de Albacete en 2023. Su propio título nace de la unión entre soledad y multitud. A través de instalaciones, figuras y estructuras transitables, reflexiona sobre la posibilidad de estar solo dentro de una comunidad y sobre el aislamiento emocional en una sociedad permanentemente conectada. Más recientemente, con Inter-jerencias, me aislé durante varios días en una galería para crear sin teléfono, internet ni interferencias externas. No buscaba hacer una prueba de resistencia, sino observar cómo cambia el proceso creativo cuando desaparecen las interrupciones habituales.
Mi trayectoria se ha construido de una forma bastante independiente, combinando oficio, producción propia, exposiciones en galerías, museos y espacio público. Cada proyecto me ha servido para entender mejor qué quiero decir y cuál es el lugar desde el que quiero hacerlo.

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PAC – ¿Cuáles son los temas centrales de tu trabajo artístico?
Santi Flores – El ser humano es el centro de mi trabajo. Me interesa observar cómo construimos nuestra identidad y cómo esa identidad se modifica cuando entramos en relación con los demás. Trabajo sobre la individualidad, la colectividad, la pertenencia, la soledad, el aislamiento, el encuentro y la necesidad de ser reconocidos dentro de una multitud.
La figura humana aparece con frecuencia reducida a gestos esenciales. Una mano alzada puede significar “aquí estoy”, pero también participación, petición de palabra, afirmación o deseo de formar parte de algo. Cuando una de estas figuras aparece sola, se impone su individualidad; cuando varias se reúnen, surge una comunidad en la que cada una conserva sus diferencias. Me interesa precisamente esa tensión: formar parte de un conjunto sin desaparecer dentro de él.
En Solitud exploro otra cara de esa relación. Vivimos rodeados de personas, mensajes e imágenes y, sin embargo, podemos sentirnos profundamente solos. No entiendo la soledad únicamente como algo negativo. También puede ser un espacio elegido, una forma de silencio o de autonomía. La cuestión está en distinguir entre la soledad deseada y el aislamiento impuesto.
El espacio público es importante porque convierte estas reflexiones en una experiencia compartida. Allí la obra no espera a que alguien decida entrar en un museo o una galería: aparece en su recorrido diario, se mezcla con la arquitectura y queda expuesta a interpretaciones que no controlo. Esa relación directa con personas muy distintas es una de las razones por las que sigo interesado en la escultura urbana.
Aunque utilizo acero, acero inoxidable, bronce, pintura y otros materiales, no considero que mi trabajo trate sobre el metal. El material es el medio. Lo que intento construir son presencias: cuerpos que ocupan un lugar y que, mediante una postura o un gesto, hacen visible una pregunta sobre nosotros mismos.

PAC – ¿Hay algún proyecto pendiente que te gustaría realizar?
Santi Flores – Para bien o para mal, dejo muy pocas cosas en el tintero. Casi todo lo que pienso termino haciéndolo, porque no puedo mantener una idea en la cabeza sin comprobar cómo habría quedado al materializarla. Una vez convertida en obra, sí decido si merece la pena continuar desarrollándola, si abre una nueva línea de trabajo o si debe quedarse ahí. Por eso no tengo un gran proyecto pendiente esperando su momento: el próximo puede ser una idea cercana, que ya empieza a tomar forma, o una que todavía no existe y aparezca después de haber realizado veinte proyectos más.
PAC – ¿De quién o de qué aprendiste realmente tu oficio? ¿Quién ha sido tu verdadero maestro o maestra, en el sentido más honesto?
Santi Flores – Mi verdadero maestro ha sido el trabajo. Aprendí de muchas personas: compañeros de taller, soldadores, caldereros, profesores, técnicos aeronáuticos, artistas y músicos. Pero sobre todo aprendí haciendo, equivocándome y repitiendo. El metal no admite demasiadas imposturas: te obliga a entender el peso, la tensión, el calor, el equilibrio y los límites reales de lo que quieres construir. También he aprendido mucho observando a las personas y escuchando cómo reaccionan ante las obras. No señalaría a una única figura, porque mi oficio se ha formado mediante una suma de experiencias, conversaciones y muchas horas de taller.
PAC – Un deseo.
Santi Flores – Seguir teniendo la libertad, la curiosidad y la energía necesarias para crear obras que puedan encontrarse de verdad con las personas.
Etiquetas: Santi Flores Last modified: 15 octubre, 2026






